¿Crisis de la democracia? Duque nombra a Gloria Borrero Cónsul en Madrid e instaura territorios “permanentes” de las FARC, dando la espalda al NO del “Plebiscito”

En la misma semana de la posesión de Gloria María Borrero como Cónsul de Colombia en Madrid, Duque ha confirmado el establecimiento permanente de las denominadas “Zonas de reincorporación de las FARC”, lo que de facto establece dominio territorial de la milicia en los puntos de abastecimiento, organización, alojamiento, conexión y coordinación de las rutas del narcotráfico.

Gloria Borrero, la ex ministra de Iván Duque que afirmaba hace pocos meses que “La “JEP” llegó para quedarse”, fue nombrada oficialmente hace pocas horas cónsul de Colombia en  Madrid, España, configurando un aterrizaje para la supervivencia ideológica del Santismo, y una insólita premiación para una exministra que fue expulsada del gabinete hace pocas semanas. En la misma semana, el día de ayer, el gobierno nacional autorizó la continuación de las denominadas “Zonas de reincorporación” de las FARC, tal y como lo establece el pacto de la Habana, habilitándolas en adelante para ser permanentes, y configurando una entrega territorial sin fecha de caducidad a las milicias de las FARC.

Por su naturaleza, las dos decisiones configuran un golpe para la ciudadanía que hasta el año 2016 votó negativamente el denominado “Plebiscito” de los “acuerdos de Cuba” firmados por Juan Manuel Santos y las FARC, y una continuación extendida de los beneficios entregados al grupo narcotraficante, fortaleciéndolos política y territorialmente en las zonas circundantes a las rutas del narcotráfico en Colombia.

La “exministra de Duque defensora de la JEP” y el establecimiento de FARC en sus áreas de dominio territorial. El resumen político de una semana de triunfo para las FARC

La decisión del presidente Iván Duque y del Canciller Carlos Holmes Trujillo al “premiar” a Gloria María Borrero (quién ante su ineptitud coordinó presentar carta de renuncia), adicionalmente establece un precedente fundamental para entender la verdadera ideología que se esconde tras la presidencia de la república, y el giro doctrinario de Duque para aparentar ante el electorado una postura crítica de los pactos de la Habana firmados por Juan Manuel Santos y el grupo narcotraficante FARC.

En suma, la decisión de Duque, obedece a una calculada premiación a una funcionaria abiertamente defensora de la denominada “JEP”, y por ende, a favor del sostenimiento y preservación del aparato institucional que impuso al secretariado de las FARC en el Congreso, con todos sus beneficios, ignorando el rechazo generalizado del plebiscito por la solitaria población colombiana.

De esta manera, Duque da abiertamente la espalda a la petición desesperada de los colombianos que salieron a las calles del país a contrarrestar la multimillonaria propaganda de Juan Manuel Santos para imponer a la población civil la montaña de impunidad que garantizó el salto de las FARC del monte al Congreso de la República.

En esta perspectiva, y pasado un año de la administración entrante, es evidente contrastar que ante los hechos, Duque, como Santos, también mintió en su campaña al afirmar ante los medios de comunicación  y el país su rechazo a los términos de arbitrariedad establecidos en La Habana, utilizando la estructura electoral del Centro Democrático (y su complicidad) para llegar a la presidencia de la Nación.

No exento de esa responsabilidad, la ciudadanía a la fecha ignora el grado de fortalecimiento institucional y político de las modificaciones constitucionales que Iván Duque se está encargando de implementar siguiendo el legado de Santos.

En concreto, durante la misma semana de la posesión de Gloria María Borrero como Cónsul de Colombia en Madrid, España, el gobierno ha confirmado al país el establecimiento permanente de las denominadas “Zonas de Reserva Campesina de las FARC” posteriormente llamadas “Zonas de reincorporación”, lo que de facto establece dominio territorial de la milicia en los puntos de abastecimiento, organización, alojamiento, conexión y coordinación de las FARC con los territorios de los cultivos de coca.

La situación es además extremadamente delicada considerando la notoria ambigüedad de presidencia y de los medidores de las zonas de plantación de coca en el país que se han abstenido de dar cifras exactas sobre la expansión de los cultivos ilícitos, mientras que se estima un nuevo posicionamiento estratégico de la izquierda continental y sus satélites en Mexico, Cuba, Venezuela, Nicaragua, y muy posiblemente Argentina.

Por estos motivos, la democracia Colombiana vuelve a incorporarse en un escenario de cuidados intensivos, donde la vista gorda de presidencia con las demandas establecidas por la sociedad civil con el rechazo del plebiscito, lo único que asegura es el posicionamiento financiero, institucional, político, parlamentario y territorial del terrorismo en Colombia, y la solidificación de sus organismos fachada dentro de las instituciones como la denominada “JEP” con la anuencia de Presidencia. En suma, una perfecta bomba política para el terror y el narcotráfico.

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