Por qué Rafael Correa es un cardinal cerebro político de las FARC y debe ser arrestado por la muerte de los 3 periodistas del Ecuador

Correa desplegó a las FARC, facilitando el ocultamiento de sus tropas y suministrando desde las instituciones la logística criminal que les ha permitido asesinar a los tres periodistas del diario El Comercio, así como iniciar una escalada de extorsiones que avizoran un panorama trágico para el país del sur.

Durante los últimos años, el lenguaje edulcorado con que la izquierda extrema ha protegido al narcoterrorismo de las FARC, ha llevado al acelerado crecimiento del grupo narcotraficante, posicionándose en territorios nuevos donde las instituciones los ha privilegiado o ignorado. En medio de la acelerada campaña diplomática de las FARC, su estrategia política no hubiera sido posible si no hubieran contado con dos aliados estratégicos, Juan Manuel Santos, y Rafael Correa. El primero, el presidente que les adecuó el camino de impunidad que hoy gozan. El segundo, el más influyente áulico de las FARC desde el extranjero, con excepción de Hugo Chávez.

Rafael Correa habilitó la entrada del narcotráfico de las FARC en la frontera sur de Colombia, permitiendo el asentamiento de sus campamentos terroristas en territorio ecuatoriano. Su complicidad neurálgica con el fortalecimiento del grupo narcotraficante, facilitó la apertura de nuevas zonas de ocultamiento de las tropas farianas, replegadas con ocasión de las operaciones militares del ejército colombiano, pero consentidas, patrocinadas, ocultadas y mimadas por el en su gobierno.

El mayor agradecimiento del grupo narcoterrorista con el expresidente ecuatoriano, tiene lugar con ocasión de la muerte del terrorista Raúl Reyes, en medio de la operación Fénix, dirigida por el gobierno colombiano ante el ocultamiento de cuadrillas de narcoterroristas en Angostura, ubicado en lado ecuatoriano, a solo unos 2 km de Colombia.

A pesar de la necesaria intervención, socializada entre los dos presidentes de entonces, Correa -aliado neurálgico del grupo narcotraficante-, activó los mecanismos diplomáticos para alegar una invasión territorial - lo que es falso a la luz del derecho internacional-, permitiendo a las FARC ganar otra batalla diplomática para eliminar la validez de pruebas recogidas en la operación que vinculaban a  los gobierno de Hugo Chávez y Rafael Correa con el grupo narcotraficante.

Con ocasión del escándalo, los computadores registraban pruebas evidenciales del apoyo financiero que las FARC asignó a la campaña del candidato de extrema izquierda, lo que justificaba su postura encubridora con todo el abrigo institucional que permitía la presidencia del Ecuador. Como si fuera poco, en medio del escándalo, la propia agencia de noticias AP, reveló videos en los que aparecía el propio terrorista de alias Mono Jojoy, confirmando ayudas en dólares a la campaña de Rafael Correa. En concreto, la misma estrategia de financiamiento del régimen de Nicolas Maduro con el grupo de extrema izquierda Podemos en España. Unos y otros, aliados estratégicos de las FARC en Latinoamerica y Europa.

La declaración libre del narcotraficante Jojoy afirma en el video como la cuadrilla conservó el registro de los dineros girados a la campaña, hechos públicos en una rendición de cuentas del secretariado con ocasión de la muerte del terrorista Tirofijo. Textualmente afirma:

"ayuda en dólares a la campaña de Correa y posteriores conversaciones con sus emisarios, incluidos algunos acuerdos, según documentos en poder de todos nosotros, los cuales resultan muy comprometedores en nuestros nexos con los amigos"

Todos estos elementos, evidencian que Rafael Correa sería el verdadero cerebro de las FARC en Ecuador, tal y como Hugo Chávez fue el cerebro continental de las FARC y su comandante legal en medio del proceso de dominio institucional del narco marxismo regional. En concreto, junto con Chávez, Correa guarda responsabilidad directa por el acelerado crecimiento y legitimación de las FARC en Ecuador, y por sembrar las condiciones institucionales para que el grupo terrorista adquiera la dimensión internacional que logró durante su mandato.

Correa lubricó el aparato de propaganda continental fariano, ocultándolas intra fronterizamente y negándose a considerarlas como grupo terrorista. Sus labores desde el estado facilitaron el asentamiento de rutas del narcotráfico en la frontera colombo ecuatoriana, aceitando la estrategia de expansión de cultivos de coca ordenado por las principales cabezas del secretariado en Colombia. Como consecuencia, el actual presidente del Ecuador, Lenin Moreno, tiene que afrontar hoy las secuelas del aparato diplomático que Correa desplegó a las FARC, facilitando el ocultamiento de sus tropas y suministrando desde las instituciones la logística criminal que les ha permitido asesinar a los tres periodistas del diario El Comercio, así como iniciar una escalada de extorsiones que avizoran un panorama trágico para el país del sur.

La última década ha facilitado renombradas victorias diplomáticas para las FARC, lo que les ha facilitado activar a nivel local e internacional los mecanismos de lavado de activos. En medio de ese panorama, el fortalecimiento político de las FARC en el continente se debe a sus tres feroces defensores en el extranjero, Hugo Chávez, Raúl Castro y Rafael Correa. Sin ellos, las FARC no habrían adecuado el aparato de propaganda continental que les permitió hoy doblegar al aparato de justicia colombiano, incrementando aceleradamente el cultivo de hectáreas de coca del que gozan.

Por este motivo, el asesinato de los 3 periodistas ecuatorianos, no es más que la estrategia que los tres diseñaron para facilitar el andamiaje ideológico narco marxista en la región, lo que les permitiría a ellos fortalecerse políticamente en sus propios países, mientras las FARC continuaban alimentando su negocio del narcotráfico, punta de lanza de las operaciones de financiamiento político de la izquierda en américa latina.  

Junto con Nicolás Maduro y Raúl Castro, el departamento de estado de los Estados Unidos, así como la justicia colombiana, debe activar de inmediato la orden de captura contra Rafael Correa, cerebro político de las FARC en el Ecuador. Si no lo hace, la impunidad que en la actualidad rodea al secretariado en Colombia, se expandirá al extranjero, legitimando la campaña diplomática narco marxista de quienes posan como políticos, pero no son más que el brazo en la legalidad del secretariado fariano.

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