La banalización del mal. Cómo medios y periodistas que hoy se víctimizan legitiman los relatos de impunidad de las FARC en Colombia. 3 Razones

Los medios y los periodistas que invitan a sus cabinas y espacios a las FARC como agente subversivo legitimante de una nueva memoria histórica criminal, son cómplices del proceso de distorsión política, cultural y cognitiva de la ciudadanía colombiana en su conjunto.

Con ocasión del proceso de impunidad institucional legitimado por la administración Santos con el grupo narcotraficante FARC, es importante tener en consideración el papel de los medios en imponer una narrativa que le permita al secretariado de la organización terrorista incorporarse, a las malas, en la sociedad civil. Al respecto, se puede asegurar que después de Santos, los medios de comunicación han sido los mayores responsables de la impunidad de las FARC hoy en Colombia, cuya responsabilidad se deriva de al menos 3 variables políticas fundamentales.

1. Los medios han aprobado la participación de miembros narcotraficantes y terroristas de las FARC como legítimos voceros legítimos en espacios masivos

En primer lugar, la invitación de los miembros del grupo terrorista en cadenas de televisión y espacios radiales masivos, le ha permitido al secretariado de las FARC contar con un trampolín privado que los ubica inmediatamente en la esfera público, transvirtiendolos en voceros legítimos de medios de comunicación. La situación originalmente se dio hace meses con la invitación de periodistas como Dario Arizmendi, Daniel Samper o Vicky Dávila a terroristas de la envergadura de alias “Timochenko” o “Santrich”; que con el paso del tiempo se normalizó con columnas en el periódico El Espectador o la Revista SEMANA, principalmente.

En consecuencias, lentamente, los medios aprobaron tácitamente la participación de miembros narcotraficantes y terroristas como voceros civiles, justificándose sen el ropaje de impunidad impuesto por Santos.

2. Invitando a miembros de las FARC, los medios han otorgado territorio civil a personas que se encontraban arrinconadas por el estado de derecho

El papel de los medios, adicionalmente, fortaleció la imagen para civil del secretariado en la sociedad, otorgándoles un salto mediático para que estos puedan derrocar simbólicamente el estado de derecho. En concreto, la utilización de periodistas reconocidos como puentes legales en el ejercicio mediático de la subversión, les permitió a muchos de los criminales procesados y ejecutoriados, declarar por encima de las instituciones de justicia sus subterfugios justificativos con el único objetivo de subvertir, con el apoyo de periodistas de renombre, la realidad sobre su intenciones, situaciones y rol histórico en la escalada de crimen que protagonizaron.

De esta manera, los micrófonos de reconocidos espacios y periodistas, se volvieron, con el pasar de los meses, en una patente de salvo para el relato psicopático del terrorista que otrora se encontraba arrinconado por las instituciones de justicia y el estado de derecho.

3. El manejo temático, político y doctrinario de los medios con los “voceros” de las FARC ha sido peligroso, falso e irresponsable

Finalmente, el manejo discursivo que reconocidos periodistas han dado, tanto a la convocaría de voceros del terrorismo como a los mensajes ejercidos por estos y los comunicadores al aire, ha sometido a la población colombiana a una narrativa irresponsable, peligrosa y doctrinaria del proceso de ajusticiamiento narcotraficante que las FARC han ejercido contra la población civil durante décadas. En este sentido, los medios de comunicación han sido aliados legales de mecanismo de distorsión histórica ejecutado por el comunismo colombiano, así como retorcimiento del dossier de hechos criminales que las FARC en completa impunidad cometieron (y cometen) con la anuencia del periodismo colombiano.

Por estos motivos, los medios y los periodistas que en los últimos meses han invitado a sus cabinas y espacios a las FARC como agente subversivo legitimante de una nueva memoria histórica criminal, no son más que cómplices del proceso de distorsión política, cultural y cognitiva de la ciudadanía colombiana en su conjunto.

En este contexto, su responsabilidad es tan o más importante que la que ejercen los medios de propaganda comunista e ilegal de la organización criminal, con la diferencia de haber obrado a plena conciencia del proceso de impunidad que se estaba cocinando en la Habana, y haber sometido a millones de colombiano a asumir a las malas el depravado relato de las FARC como una verdad al nivel de la de sus víctimas y la sociedad civil.

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