Santos y Petro. Análisis de dos Mitómanos de Peso

Petro, como Santos, es un mentiroso compulsivo, una persona que en medio del mar de ignorancia que vive Colombia se aprovecha de la exposición en medios de comunicación para captar personas frustradas de las dificultades que el país y la región atraviesan.

La avalancha de propuestas absurdas de Petro en un país cuyo presupuesto es uno de los más bajos de la región, cuyos porcentajes de deuda están disparados y cuyas expectativas sobre su desastroso paso por la alcaldía de Bogotá fueron destruidas, pone en relieve el perfil mitómano de Gustavo Petro, y lo ubica al nivel de otra figura pública conocida por sus sistemáticas mentiras, Juan Manuel Santos.

La disposición del candidato “progresista” para tratar de captar seguidores, incluso prometiendo convertir en 4 años a Colombia en un país de energía solar, parecería ridícula si no fuera porque existen jóvenes que podrían votar por él. En concreto, solo en el caso de la energía solar, las propuestas de Petro son tan descabelladas (Alemania, con su multimillonario presupuesto, capital humano, ecosistema corporativo y eficiencia, lleva 17 años en el proceso y aún no ha logrado consolidar el sector), que si no fueran parte de una campaña presidencial parecerían sacadas de un programa de humor.

Como se sabe, en el caso en concreto de Bogotá, el entonces candidato Gustavo Petro no pudo llegar a construir ni un solo colegio, bandera “estrella” de su administración. La denuncia, la hizo directamente el concejal de izquierda Juan Carlos Flórez, quien durante años ha sido reconocido por su postura independiente frente a las distintas administraciones.

En sus palabras:

“En campaña (Petro) dijo que creaba 100 colegios, y aquí (en el concejo) quiso dejar solo 10, y el concejo le dijo; no alcalde eso no es serio. De 100 a 10, por lo menos 20 más. Estuvieron de acuerdo; 30 colegios nuevos en lotes… de esos no han entregado uno solo. Los que ha entregado son colegios que venían en construcción de otros gobiernos y que este termina. O restitución”.

El comportamiento de Gustavo Petro en calidad de candidato presidencial, se asemeja más al de un estudiante vago tratando de llamar la atención que al de un adulto que aspira a la presidencia de la república. En términos general, la edad mental del candidato presidencial, por su conducta reiterada de victimismo y dramatismo, muestra a una persona inadecuada para afrontar con frialdad las responsabilidades de la presidencia

Petro, como Santos, es un mentiroso compulsivo, una persona que en medio del mar de ignorancia que vive Colombia se aprovecha de la exposición en medios de comunicación para captar personas frustradas de las dificultades que el país y la región atraviesan.

Con el paso de las últimas semanas, su perfil mitómano ha sido puesto en evidencia en numerosas ocasiones. Por este motivo, cada vez más, su campaña se ha radicalizado al punto de presentar propuestas que parecen salidas de un programa de ciencia ficción, en un país cuya mayor prioridad inmediata es asegurar la seguridad en amenaza por más de 200 mil hectáreas de coca cultivada.

A pocas semanas de las elecciones presidenciales, el país contempla la toma de una decisión que es trascendental tanto para Colombia como para la región. El desastre institucional de la administración de Juan Manuel Santos, y el proceso de destrucción y anarquía legal de Venezuela, son un serio llamado de atención para la población que con cantos de sirena aun van a tomar una decisión electoral. En el contexto de lo que ha pasado en esta campaña presidencial, es obvio que el candidato Petro representa un serio peligro para el país, y un aliado estratégico para el régimen de Nicolás Maduro, lo que en su presidencia profundizaría la crisis alimentaria y humanitaria de Venezuela, abriendo las puertas en Colombia para un escenario similar o peor.

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