Luis Carlos Villegas anuncia “re estructuración”, perfil de un Ministro de Defensa que hace agua por todos los lados

Hoy, la situación política y de orden pública colombiana está en un limbo monstruoso propio de un diagnóstico dantesco inflamado por el contubernio de las FARC con el Estado. El definitivo golpe a la seguridad ciudadana está latente en los narcotraficantes de las FARC que junto con las Bandas Criminales moldean sus estrategias a implementar a partir del 7 de Agosto

El acelerado incremento de los cultivos de coca, las denuncias de corrupción en el comando General, el despliegue acelerado de las llamadas “disidencias”, el refortalecimiento narcotraficante del secretariado de las FARC, el asesinato de periodistas ecuatorianos en territorio colombiano, el asesinato masivo de policías y el renacimiento del terrorismo armado en el Catatumbo, son solo unos de los indicadores por los cuales el ministro de Defensa Luis Carlos Villegas ha anunciado una “reestructuración” de las fuerzas armadas.

La realidad es otra, el Ministro y su presidente son el peor desastre estructural del ejercito nacional en la historia republicana de Colombia, un problema desde que la actual administración equiparo al ejercito al nivel de las FARC y convirtió a su secretariado en congresistas directos.

En este momento, el país está incubando el mayor problema de orden público que puede experimentar en toda su historia, la monetización de más de 200 mil hectáreas de coca que en cuestión de meses harán tránsito a zonas de microtráfico en países de renta alta como Canadá, los Estados Unidos, Alemania, Holanda o España. En medio de la dramática situación, la principal responsabilidad política sobre el crecimiento meteórico de la droga recae sobre las dos principales cabezas de orden público del país, el presidente Juan Manuel Santos, y su ministro de defensa Luis Carlos Villegas.

Villegas ha demostrado que el Ministerio de Defensa Nacional puede llegar a niveles de inopia e ineptitud propios de un guion de ciencia ficción. Su apatía para revelarse contra los beneficios otorgados por el gobierno nacional a las FARC, y su complacencia cómplice en el proceso de domesticación de las fuerzas militares, señalan el más claro cenit de destrucción institucional  y moral del ejército desde su creación.

En medio de la anarquía que rodea al país, los informes del Departamento de Estado de los Estados Unidos anuncian con irritación el desbordado incremento de cocaína en su territorio, lo que una vez ingrese el nuevo gobierno, se convertirá, sin duda, en la principal agenda gubernamental real. En ese momento, no valdrán “economías naranjas” que valgan, cuando por las calles del país el poder corruptor y financiero del narcotráfico repita las dantescas escenas de la Colombia de los 90.

Hoy, la situación política y de orden pública colombiana está en un limbo monstruoso propio de un diagnóstico dantesco inflamado por el contubernio de las FARC con el Estado. El definitivo golpe a la seguridad ciudadana está latente en los narcotraficantes de las FARC que junto con las Bandas Criminales moldean sus estrategias a implementar a partir del 7 de Agosto, cuando Juan Manuel Santos se evada de Colombia con destino a Londres. En medio de esa escabullida vergonzosa, quien quiera que sea el nuevo presidente tendrá que desplazar cualquier plan de gobierno romántico para afrontar el verdadero legado de Villegas, un país inundado de coca, de cocaína, de alcaloides, de criminales refinanciados y con las FARC legislando en el Congreso de la Republica de Colombia. Ese será el verdadero legado de Villegas, y su verdadera reestructuración, la destrucción del orden legal y constitucional de las fuerzas armadas.

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