Jaime Garzón y Miguel Narváez, los dos “exterroristas” del ELN y las AUC filtrados en la Legalidad

El Caso de los ex terroristas Jaime Garzón y Miguel Narváez llama poderosamente la atención por su disposición a presentarse, dentro de las instituciones, como amigos del estado, pero haber militado durante largo tiempo en organizaciones terroristas sin que la ley los haya podido identificar, imputandoles sus respectivas condenas.

El episodio reciente de la justicia colombiana en el sentido de aplicar sanción contra el “exterrorista” de las antiguas AUC filtrado en el DAS Miguel Narváez, pone en evidencia el doble racero de la ley para incorporar penas validas a terroristas de este grupo y obviar el terrorismo de las FARC, el ELN o el EPL.

En concreto, Narváez, habría ocupado puestos en el gobierno nacional, mientras al mismo tiempo continuaba sus contactos con el grupo terrorista AUC. Por su parte, Garzón, se mimetizaba en la legalidad mientras militó durante un largo periodo en la selva con la organización narcotraficante ELN, y seguía teniendo contacto con las células urbanas del grupo terrorista en la ciudad.

Con ocasión del agravamiento de la situación de orden público, el terrorista Narváez se infiltro en el DAS para utilizar el organismo como centro de operaciones de sus homicidios y persecuciones. Por su parte, Garzón se presentaba en la legalidad como un profesional de los medios mientras conservaba, como Narváez, afinidades ideológicas y operacionales con el terrorismo del ELN, en el que militó directamente al mando de alias “Gabino”, en el frente José Solano Sepúlveda.

El desenlace fatal entre los dos infiltrados del terrorismo, ha sido presentado hace pocas horas por los medios de comunicación con la condena a Narvaez. La situación sin embargo, pone en evidencia el carácter manipulativo de los medios de comunicación en Colombia, y el racero ideologizado de la justicia al establecer arbitrarias diferenciaciones entre “exterroristas” dependiendo de los grupos narcotraficantes en los que hayan militado.

La situación además no es extraña a los acontecimientos, hace pocas horas, protagonizados por la Corte Constitucional en el sentido de trasladar a la denominada “JEP” los casos de violaciones de menores por las FARC. De nuevo, en un arrebato doctrinario propio de los regímenes caóticos de la región, la Ley vuelve a establecer formatos seudo legales de impunidad para favorecer el terrorismo industrial de las FARC, mientras en el congreso su secretariado pasa de agache los delitos.

El caso del militante y exterrorista del ELN Jaime Garzón no es distinto, siendo activo infiltrado en la ilegalidad, y en las rutas del narcotráfico del ELN en la época del mayor incremento del numero de fusilamientos. Como lo relata el investigador German Izquierdo:

“Trabajó en una red llamada la PJ, con lo que la organización rendía un irónico tributo a los nombres más comunes y corrientes de la sociedad: Pedro y Juan. Durante el corto periodo que Garzón estuvo en la guerrilla (…) A finales de los años ochenta, el ELN vivió un cambio conocido como ‘El replanteamiento’. Cuando Fabio Vásquez Castaño, jefe máximo del grupo guerrillero, abandonó el país, surgió una crisis interna. Nicolás Rodríguez Bautista, Gabino, lo reemplazó y se abrió así un espacio para la discusión acerca de algunas de sus prácticas bárbaras, particularmente los fusilamientos. “Se fusiló a mucha gente, especialmente a estudiantes y profesionales que se habían ido a la guerrilla muy ilusionados”, cuenta el periodista Hernando Corral, quien hizo parte de la misma red urbana del ELN en la que estuvo Garzón"

El Caso de los ex terroristas Jaime Garzón y Miguel Narváez llama poderosamente la atención por su disposición a presentarse, dentro de las instituciones, como amigos del estado, pero haber militado durante largo tiempo en organizaciones terroristas sin que la ley los haya podido identificar, imputandoles sus respectivas condenas. Por los hechos, no se descarte que en la actualidad, existan dentro del gobierno nacional personas familiarizadas y vinculadas al terrorismo de las FARC, los Paramilitares y el ELN que se presenten como defensores de derechos humanos, o víctimas, cuando son precisamente quienes en procesos de comunicación con sus columnas en armas controlen desde la legalidad la capacidad operativa de estos grupos narcotraficantes.

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