Lo que hizo posible la libertad fue la gradual evolución de la disciplina de la civilización que es al mismo tiempo la disciplina de la libertad.
Friedrich Hayek

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Por qué la decadencia de Daniel Samper y Félix de Bedout han hecho gigante a la Derecha Colombiana

La conducta errática de los dos comunicadores, demuestra un fenómeno que subyace en la sociedad colombiana, y es que con el paso de los meses, la derecha no ha hecho más que agigantarse.

La conducta burlesca o lastimera que acompaña a la psicología de izquierda, está ligada a la satanización de actores que destellan en la sociedad civil, desconociendo que la competencia y las diferencias sociales son naturales. En la fantasía que acompaña este pensamiento, el izquierdista termina creando un mundo paralelo en el que no hay jerarquías, fácilmente mezclando a criminales con ciudadanos de bien, que por sus resentimientos, deshumanizan y convierten en blanco de sus frustraciones. En Colombia, dos figuras de este ambiente resaltan por su simpleza, Daniel Samper Ospina (cuya esposa facturo casí 6.000 millones con el estado desde la fundación SEMANA), y el periodista Félix de Bedout (popular (en twitter) empleado del periodista Daniel Coronell, gran contratista del gobierno Santos).

La popularidad en redes sociales del periodista lleno de resentimientos y el humorista, han hecho que la sociedad civil en su conjunto identifique con claridad las falacias de las cuales se compone el pensamiento de izquierda, relativizando a los criminales de las FARC y considerándolos en un podio distinto, alternativo o superior a los paramilitares. Esa falta de jerarquías en el proceso de pensamiento lógico, es precisamente la causante del crecimiento de la derecha, y al ritmo que va, parece que el fenómeno no ha hecho más que comenzar.

La sociedad civil colombiana, tradicional en sus principios y fiel a su historia, ha sabido identificar las falacias que han acompañado al presidente Juan Manuel Santos, desde esta perspectiva, escuderos como Daniel Samper y Félix de Bedout, no han hecho más que evidenciar la grotesca contradicción entre el pensamiento de izquierda y la ética o la moral convencionales. En medio de la desesperación, los planteamientos de los dos influenciadores han pasado de la falacia, a la estigmatización, o incluso a la especulación irresponsable sobre la legalidad de actores de la sociedad civil al nivel de las FARC. A diferencia de los comunicadores, los ciudadanos colombianos, durante los últimos años, han ubicado en el mismo frasco de la ignominia a las FARC  y a los Paramilitares, y por mínima decencia, jamás pondrían a uno por encima del otro.

En el caso de Félix de Bedout, en su conducta errática, es conocida su obsesión por burlarse de la oposición, o de las personas que se aferran a la ley, y demandan el respeto a las instituciones. Sin embargo, en vez de considerar las naturales y legitimas posiciones del país (que rechaza en más de un 80% al gobierno), el periodista insiste en estigmatizar y burlarse de la derecha. A diferencia de las FARC, la derecha colombiana no se identifica ni se ha identificado con el paramilitarismo o el narcotráfico, lo que De Bedout se niega a reconocer, marginándose más en su afán de ser políticamente correcto, pero evidenciando sus frustraciones ante un país que lo ha superado.

Un reciente “trino” del periodista lo dice todo. En este, el periodista afirma que Anncol (brazo de comunicaciones de las FARC), es igual a los “tuits” de lo que llama la “extrema derecha”, igualando a una sociedad civil indignada con un grupo del narcotráfico reconocido por la interpol, la fiscalía, la Organización de las Naciones Unidas, la Unión Europea, el Departamento de Estado y el sentido común.

El fenomeno de comparar irresponsablemente a personas de la sociedad civil con criminales se replica en el caso de Daniel Samper. Además, su conducta burlesca, propia de una Colombia del siglo pasado, ha pasado a ser reconocida como arma de la izquierda, llegando al punto más bajo al mofarse de la hija recién nacida de una congresista. A diferencia de la mayoría de la población colombiana, el planteamiento vulgar de Samper, propio de una tradición repugnada por la mayoría de los colombianos, demuestra su incapacidad para entender o aceptar la realidad, lo que ha llevado aceleradamente a posicionar a figuras como Alejandro Ordoñez o María Fernanda Cabal, a quien ha convertido obsesivamente en blanco de sus ataques, olvidando a quienes verdaderamente han dañado a Colombia, los paramilitares, los guerrilleros, los políticos corruptos y los narcotraficantes.

La conducta errática de los dos comunicadores, demuestra un fenómeno que subyace en la sociedad colombiana, y es que con el paso de los meses, la derecha no ha hecho más que agigantarse. A diferencia de los paranoicos comunicadores mencionados, la población se prepara para unas elecciones que no solamente son fundamentales para Colombia sino para todo el continente. A diferencia de ellos, la mayoría de Colombianos cree que sus pomposas y ridículas estigmatizaciones, no son más que el fruto de la frustración, la mediocridad y el resentimiento. Un pasado que la Colombia verdaderamente decente quiere dejar en el olvido junto con los paramilitares, los guerrilleros, los terroristas de todo pelambre y sus cobardes auxiliadores.

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