Se Derrumba la Campaña de Gustavo Petro por su victimismo, pereza y paranoia. Análisis psiquiátrico del Petrochavismo

A diferencia de Hillary Clinton, Gustavo Petro es evidentemente peor candidato, ineficiente en sus administraciones pasadas, victimista y derrotista, depresivo, subjetivo, perezoso en sus respuestas y paranoico en sus planteamientos, lento y lleno de monólogos al hablar, falto de empatía emocional, con mal estado físico y en redes se ha compartido momentos de posible alicoramiento. En concreto, un desastroso espécimen de la política de Colombia.

Un talante derrotista y victimista a su edad avanzada, el gesto permanentemente fruncido seguido de carcajadas con pereza, anarquía y desorganización de campaña para cumplir los requerimientos, la articulación lenta de palabras que no se concentran en preguntas concretas, gran distancia entre sus expectativas y la realidad, problemas derivados de diversas familias e hijos de distintas madres, traumas e incoherencias de su actividad criminal en el M19 y visiones paranoicas de su campaña (a diferencia de la del expresidente Uribe que fue víctima de bombas como candidato y en su posesión, destruyendo el Palacio de Nariño), son solo algunos de los indicadores que evidencian que el candidato Gustavo Petro es un paciente con poca capacidad de dominio emocional y problemas psiquiátricos en medio de una campaña presidencial que se derrumba.

La falta de competencias para el desarrollo de actividades políticas, es uno de los mayores problemas de Latinoamérica. En contraste, la mayoría de candidatos y políticos en países de renta alta, demuestran sobradas capacidades argumentativas, un buen estado físico, empatía hacia los interlocutores y una capacidad de respuesta rápida y objetiva que permite evidenciar su buen estado emocional. En contraste, el ejercicio de la administración pública en países de alto ingreso, contrasta en eficiencia, rapidez y pragmatismo , lo que durante la penosa administración de Petro en Bogotá fueron rencillas, corrupción, ineficiencia, improvisación y gasto sin retornos.

Hace pocos días, el candidato Gustavo Petro, en medio de la campaña, denunció haber recibido tiros en el automotor en que se desplazaba. Un informe técnico de peritos de la fiscalía, lo ha desmentido hace pocas horas. En contraste, hace pocos años, connotadas figuras políticas en periodos de activismo han recibido ataques con bomba del terrorismo. El caso de Fernando Londoño donde sus escoltas fueron asesinados, o del excandidato Álvaro Uribe en plena campaña presidencial, donde sus automóviles fueron explotados a pocos metros dejándole serias consecuencias de salud, son solo unos pocos ejemplos. A diferencia de los otros actores políticos, Petro, ante la fractura de uno de los vidrios de su carro, creo un escándalo de victimización en redes, que mezcla la ficción con visiones paranoicas de la policía, Santos, sus opositores y el mundo. En ese sentido, de nuevo, su conducta derrotista y victimista lo incapacita para liderar la nación.

El comportamiento de Gustavo Petro en calidad de candidato presidencial, se asemeja más al de un estudiante vago tratando de llamar la atención que al de un adulto que aspira a la presidencia de la república. En términos general, la edad mental del candidato presidencial, por su conducta reiterada de victimismo y dramatismo, muestra a una persona inadecuada para afrontar con frialdad las responsabilidades de la presidencia. 

En ese contexto, los reiterados problemas de paranoia de Gustavo Petro, evidencian una situación, en estas elecciones la izquierda esta mentalmente acéfala. La situación, sin embargo, no sería nueva, y se derivaría de otros fenómenos electorales en la región.

Incluso en los Estados Unidos, el grado de paranoia que se apoderó de las elecciones de los Estados Unidos, personificada en la candidata Hillary Clinton, destruyó sus aspiraciones a la presidencia en cabeza de un outsider (Donald Trump), quien ni siquiera recibió el apoyo directo del partido republicano.

A diferencia de Hillary Clinton, Gustavo Petro es evidentemente peor candidato, ineficiente en sus administraciones pasadas, victimista y derrotista, depresivo, subjetivo, perezoso en sus respuestas y paranoico en sus planteamientos, lento y lleno de monólogos al hablar, falto de empatía emocional, con mal estado físico y en redes se ha compartido momentos de posible alicoramiento. En concreto, un desastroso espécimen de la política de Colombia.

La penosa situación de Petro, ha desinflado aceleradamente sus aspiraciones a la presidencia. Las implicaciones de las debilidades emocionales de un candidato, por ello, se evidencian en la anarquía organizacional de la campana. Con ocasión de los numerosos traspiés que su campaña ha dado en los últimos días, figuras como Iván Duque, Alejandro Ordoñez, German Vargas Lleras y otros, se han alzado rápidamente en los sondeos. Por este motivo, ante los hechos, la presentación electoral de Petro no solamente puede ser desastrosa para el país y sus electores, sino además, una muestra de la más baja mediocridad de los especímenes políticos de Colombia. 

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