Cuestiones de abortistas y constitucionalistas, “el grito de los inocentes”

En una sociedad donde la “justicia” gradúa a los seudo-defensores de derechos, de constitucionalistas, nada bueno puede salir, porque nada puede ser más indefendible que pretender dar una respuesta a una pregunta mal hecha, y plantea el supuesto derecho de la mujer de abortar.

Simón Bolívar el de verdad, no el chavista, en 1823 se dirigía a Don José Rafael Arboleda de la siguiente manera: “Si un nuevo sistema de penas y castigo, de culpas y delitos, no se establece en la sociedad para mejorar nuestra moral, probablemente marcharemos al golpe hacia la disolución universal”, y con visión profética tenía razón, Colombia sufre un malestar en sus instituciones, en este caso al seguir sosteniendo los tratos diferenciales planteados por el mal llamado “nuevo derecho”, que es propio de -culturetas y todólogos-, de abogados que son “mares de conocimiento con un centímetro de profundidad”.

En una sociedad donde la “justicia” gradúa a los seudo-defensores de derechos, de constitucionalistas, nada bueno puede salir, porque nada puede ser más indefendible que pretender dar una respuesta a una pregunta mal hecha, y plantea el supuesto derecho de la mujer de abortar.

En cualquiera de los casos establecidos por la Corte Constitucional resulta una evidente conspiración contra el verdadero derecho y la justicia porque se desconoce a sí mismo.  

Hay que anotar que la Corte Constitucional tiene la costumbre de “legislar” sobre asuntos que son de la órbita del “Congreso y del constituyente primario”, ejemplos hay muchos; solo por mencionar unos; el proceso de paz y haber desconocido el resultado del plebiscito, eso es muy diciente, gústeles o no. ¿Será la dictadura de los jueces?

Ahora bien, ese embeleco del “nuevo derecho” debe ser mirado con lupa, porque no existen derechos absolutos, salvo “la vida del ser humano”, que en mi opinión resulta ser la condición necesaria para los demás derechos. Y, es en este punto donde empieza Troya, pues al parecer en Colombia algunas escuelas y facultades de derecho, “por moda” se visten de cátedras antiéticas y amorales pues desde hace décadas plantean que existen derechos alternativos, derechos sin obligaciones, dejando de lado dos mil años de juristas occidentales, que si sabían de lo que hablan.

El tema no es pequeño, más aún cuando se ve una Iglesia Católica acobardada, existe un partido conservador sin principios, ni voceros valientes que defiendan la doctrina y una derecha sosa que llega a su ocaso como es el caso del Centro Democrático, que al día de hoy dice una cosa y terminan haciendo otra, como congraciarse con los enemigos. Se deja de lado la justicia y los principios inmutables de la ley y el orden natural y permiten el surgimiento de ideologías derivadas del marxismo cultural, como esas que autorizan el “aborto”.

Sin temor a equivocarme el derecho más importante es el de la vida, y volvemos al punto señalado anteriormente, hay que “hacer la pregunta correcta para obtener la respuesta correcta”, en mi opinión, la pregunta que se debe resolver es la siguiente: ¿hay vida o no en el vientre materno?

La respuesta es sí, lo que vive es un ser humano. Luego debe ser protegido, ¡NO PUEDEN EXISTIR DERECHOS SIN OBLIGACIONES!

En ese orden de ideas y si este fuera un país serio los jueces ya habrían dicho que los derechos de la mujer gestante no son absolutos, pues su base radica en una cuestión de biología elemental, si la mujer aporta el ovulo y el hombre el espermatozoide, esa unión provoca la vida humana, automáticamente nacen los derechos y las obligaciones de ser “madre y de ser padre” y de un individuo distinto, así no les guste a las feminazis y a los proabortistas, para comprender esto, para eso no se requiere ser magistrado o tener un doctorado, es un hecho notorio.

Por lo anterior se logra concluir de una manera muy sumaria que no es posible que, en un estado de derecho, exista un derecho ilimitado o mal limitado ya que esto conduce a un abuso del mismo, pues carece de contención y degenera en monstruosidades jurídicas propias de unos regímenes totalitarios como el comunista o el nazi.

Por lo anterior solo me resta decir que la justicia es arte y ciencia para pocos los verdaderos “juristas”, y es oficio para muchos, “los leguleyos”. “Es muy fácil matar a alguien que no se puede defender”.

Por: Jonathan Delgado

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