Si Iván Duque no cierra las redes sociales de Terroristas y ex Terroristas, traiciona a Colombia - EDITORIAL

En Colombia, existen numerosos actores incursos en la activación para legal de mecanismos de penetración del estado, que aliados con el narcotráfico, han buscado intimidar a la población como camino al secuestro del poder político. En ausencia de mecanismos de violencia, la racionalidad del terrorista se impone como única vía de su nueva estrategia de poder, utilizando la ideología y la movilización civil como mecanismo de guerra contra el estado.

La principal motivación del terrorista absuelto radica en normalizar relatos justificatorios del crimen como mecanismo de dominio político e ideológico de la población. Ante la claudicación del estado de derecho, además de la violencia, el terrorista busca mecanismos de penetración de la sociedad civil que le permiten asentar su proyecto subversivo en la consciencia de la sociedad. Ante el encuentro de un gobierno complaciente con sus subterfugios para legales, el criminal dominara incrementalmente los espacios de información, extendiendo su capacidad de  influencia sobre la población, lo que degrada moralmente a una sociedad que acepta la legitimación del delincuente por mandato político. Por este motivo, en medio de la crisis política y de orden público histórico del país, si Iván Duque no cierra las redes sociales de Terroristas y ex Terroristas, traiciona a Colombia.

 

 

 

El proyecto político democrático, de Colombia está circunscrito al sistema de leyes y normas que constituyen la nacionalidad. El objetivo sistemático del terrorismo radica precisamente en la erosión del andamiaje cultural, ideológico y político de la sociedad civil, utilizando mecanismos que oscilan entre el adoctrinamiento radical, hasta el acto terrorista. En Colombia, existen numerosos actores incursos en la activación para legal de mecanismos de penetración del estado, que aliados con el narcotráfico, han buscado intimidar a la población como camino al secuestro del poder político. En ausencia de mecanismos de violencia, la racionalidad del terrorista se impone como única vía de su nueva estrategia de poder, utilizando la ideología y la movilización civil como mecanismo de guerra contra el estado.

Algunos de estos terroristas y ex terroristas, sus organizaciones, sus satélites en la legalidad y sus ayudantes medran las redes sociales del país, transmiten sus subterfugios justificativos del delito, y exponen sus filas criminales a sus mensajes, violando expresamente la ley penal, y adoctrinando nuevas células en la legalidad que se enfilen en sus movimientos.

El estado colombiano, en cabeza de su presidente, por ello, debe cerrar de inmediato las redes sociales de Terroristas y ex Terroristas incursos en la comisión de delitos de lesa humanidad, no prescriptibles a la luz del derecho internacional y activables en cualquier escenario futuro.

Según el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional todo aquel acto tipificado como asesinato, exterminio, esclavitud, deportación o traslado forzoso de población, encarcelación u otra privación grave de la libertad física en violación de normas fundamentales del derecho internacional, tortura, violación, esclavitud sexual, prostitución forzada, embarazo forzado, esterilización forzada u otros abusos sexuales de gravedad comparable, persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos, de género, u otros motivos reconocidos en el mundo como inaceptables con arreglo al derecho internacional, son crímenes de lesa humanidad.

En Colombia se deben cerrar de inmediato, por este motivo, las redes sociales que legitiman el relato justificatorio de actores y organizaciones que han incurrido en delitos de lesa humanidad. De no hacerlo, el presidente de la Republica incurre en una traición expresa a su propio mandato constitucional, a las leyes, y al orden jurídico internacional.

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