Lo que hizo posible la libertad fue la gradual evolución de la disciplina de la civilización que es al mismo tiempo la disciplina de la libertad.
Friedrich Hayek

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El Aberrado papel de la Revista SEMANA en la Colombia de las FARC y Post Juan Manuel Santos

La columna, plantea la aberrante importancia de lo que la revista considera como la “apuesta política con Timochenko a la cabeza como candidato presidencial”, incorporando en el ideario social, político, cultural e intelectual colombiano la noción de que los narcotraficantes amnistiados por Santos son “apostadores” de la política colombiana. El grado de descomposición intelectual de tal afirmación, posteriormente lo maquilla con las declaraciones del narcotraficante.

En medio del proceso de mayor desinstitucionalización política en la historia de la república, la incapacidad para que la sociedad civil acepte a violadores de derechos humanos como interlocutores válidos exige la existencia de aparatos de propaganda articulados con el totalitarismo regional. Durante décadas, Latinoamérica ha sufrido la normalización de la dictadura Cubana, con aberrantes mitologías de asesinos como Fidel Castro, el Che Guevara o el mismo Hugo Chávez. En Colombia, ese papel, además de estar originado en los sindicatos de educación y en falsos intelectuales del humanismo, está constituido en la prensa escrita. Origen principal de la cultura ideológica de Colombia. Dentro de ella, la revista SEMANA, dirigida por el sobrino del presidente Juan Manuel Santos, descolló como la líder; el aparato de propaganda en la Colombia de las FARC y Post Juan Manuel Santos.

Junto el periódico El Espectador, la revista SEMANA, se ha caracterizado por una defensa activa de la incorporación impune de los terroristas de las FARC por encima de las gabelas otorgadas a los terroristas del paramilitarismo o el M19. Esta cualidad narrativa del medio, ha logrado con el pasar de los años generar en la juventud colombiana una aceptación tácita y expresa a terroristas, pedófilos, narcotraficantes, asesinos, extorsionadores y facinerosos como parte de la “diversidad” colombiana, poniéndolos al mismo nivel de sus víctimas.

En un paso audaz hacia la imposición de la ideologización patológica del comunismo, el día de hoy, la revista pone a dos políticos al nivel de Timochenko, en un artículo que titula “La polémica columna en la que Timochenko le da la bienvenida a 2018”, convirtiéndose en un aperitivo de los años por venir en Colombia.

La columna, plantea la aberrante importancia de lo que la revista considera como la “apuesta política con Timochenko a la cabeza como candidato presidencial”, incorporando en el ideario social, político, cultural e intelectual colombiano la noción de que los narcotraficantes amnistiados por Santos son “apostadores” de la política colombiana. El grado de descomposición intelectual de tal afirmación, posteriormente lo maquilla con las declaraciones del narcotraficante contra los políticos de la sociedad civil Rodrigo Lara y Álvaro Uribe, sobre quienes el asesino se refiere como pares institucionales. En medio de la espeluznante propaganda, la revista SEMANA lo encabeza con una foto de primer plano, elevándolo a la categoría de vocero de la opinión pública.   

Dentro de cada país del continente los sistemas de educación no han parado de recordar falsamente a los latinoamericanos que la grandeza de la región reposa sobre el legado de los psicópatas del comunismo. La revista SEMANA, al presentar a Timochenko como nuevo líder de opinión sobrepasa los límites de lo que la Colombia pre santista consideraba como decente, legal o lógico. Hasta el último momento, en medio del derrumbe institucional dirigido por Juan Manuel Santos, la revista presenta sanguinarios mercenarios como héroes políticos, justificando sus crímenes a través de “periodismo de carácter”, lavando la dura imagen asesina de las FARC.

La revista SEMANA convierte -con su elaborado plan de normalización- la sociópatia decadente de las FARC en narrativa legitima al lado de los militares, que dentro del ordenamiento jurídico han dejado su vida defendiendo las garantías constitucionales. Así las cosas, Cuba y Venezuela expanden lentamente sus proyectos totalitarios sobre sus propias poblaciones, encontrando como nodo legítimo de colonización regional a Colombia, que en pocos meses tendrá a los carniceros de las FARC en el Congreso, con salarios multimillonarios, financiación, seguridad y curules gratis.

El peligroso papel de la Revista diferenciando falsamente a las FARC de los terroristas paramilitares o el ELN, no hace más que pavimentar el camino de la Colombia post Santos, en la que los ciudadanos se tendrán que sentar en las cafeterías y los restaurantes con sus verdugos, y esperar su vomitiva legislación desde el Congreso, aupada por el aparato de propaganda de Alejandro Santos y la comitiva de medios pro FARC o Pro Juan Manuel Santos.  La situación es extremadamente grave, y la capacidad de la Revista, así como de los principales periodicos del país en lavar la imagen del narcotrafico con una morbida paciencia, debe prender las alarmas de la sociedad civil colombiana, exigiendo vivir en un país sin comunismo y sin sus dimensiones ideológicas. 

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