Los peligros para la democracia del denominado "Fondo para la Paz"

Por otra parte, el lenguaje ambiguo de “Construir la Paz”, es una confusión tan extraña como el Ministerio para la Felicidad de Venezuela, lo que en pleno siglo 21, en medio de un mundo tecnológica, científica y empresarialmente avanzado sigue ubicando a Colombia como una nación con serios problemas de cultura y subdesarrollo.

Las exigencias de la organización terrorista FARC de conformar un “Fondo Nacional para el fin del conflicto, la reconciliación y la construcción de la paz, FONAPAZ”, presentada en días pasados, revela una de las más peligrosas solicitudes de esta organización contra la democracia y la institucionalidad de Colombia. La exigencia de montos constitucionales fijos del presupuesto nacional para según la organización lograr la “financiación del Plan Nacional Para la Construcción de la Paz”, es además una de las demandas más ambiguas que un estado en pleno siglo 21 pueda haber recibido. A lo anterior se suma el agravante, de que el dinero debe salir de los contribuyentes, y no de las finanzas de la organización terrorista, lo que se expresa en su primer apartado:

“Fundamentos normativos del FONAPAZ: Para la financiación del Plan Nacional Para la Construcción de la Paz, se conformará el Fondo Nacional para el fin del conflicto, la reconciliación y la construcción de la paz, “FONAPAZ”. El Fondo será de origen constitucional y tendrá una vigencia mínima de diez (10) años. Los recursos del Fondo serán definidos como proporción fija del Producto Interno Bruto. Mediante desarrollo legal, se creará una cuenta especial dentro del Presupuesto General de la Nación, correspondiente al Fondo, con destinación específica para los propósitos de financiación del Plan Nacional Para la Construcción de la Paz”.

--

Hacia el cierre del año 2014 según FORBES, se estima adicionalmente que el monto estimado de de dólares lavados por la organización terrorista FARC pudo haber ascendido a la suma de 600 millones, de los cuales 500 millones pudieron haber sido por la distribución de cocaína. La propuesta del Fondo para la financiación nacional de la “Paz”, por su naturaleza entonces, parece más una descabellada exigencia de una organización terrorista que manipula a los medios de comunicación y a la opinión pública; que una demanda necesaria para Colombia. La situación adicionalmente llama la atención porque se configura con el silencio cómplice de una administración con serias dudas sobre las intenciones de las FARC.

La figura es además peligrosa para la democracia colombiana, porque busca generar por un plazo de 10 años, dinero que tiene por fin formatos de integración que no solamente lavan públicamente la imagen de la organización terrorista, sino que pueden ser usados por las cabezas de la organización para hacer política con dinero de los contribuyentes -adicionados a los ingresos que la organización por cuenta de sus numerosas actividades delictivas realiza-.

Por otra parte, el lenguaje ambiguo de “Construir la Paz”, es una confusión tan extraña como el Ministerio para la Felicidad de Venezuela, lo que en pleno siglo 21, en medio de un mundo tecnológica, científica y empresarialmente avanzado sigue ubicando a Colombia como una nación con serios problemas de cultura y subdesarrollo.

Finalmente, uno de los elementos más inusuales del requerimiento, es la exigencia de “una contribución especial para la financiación del Fondo que deberá ser pagada por grandes capitales nacionales y extranjeros, por latifundistas improductivos, ganaderos y grandes empresarios del agro”. La forma de presentar el tema revela claramente que más allá de un requerimiento necesario para la construcción de una economía robusta y democráticamente estable para Colombia, lo que se esta presentando es un embrollo de ideología que de ser tomada en serio por la opinión publica en el país, puede atrasar los procesos de desarrollo interno mas años de los que se han perdido en las últimas décadas.

La inexistencia de estudios complejos, contemporáneos y serios que avalen formatos de acuerdo del estado colombiano con una organización terrorista que por décadas ha prosperado lejos de la civilización, le quita credibilidad a propuestas que surjan de actores que en vez de entender que la sociedad moderna maneja otro tipo de principios e instituciones, buscan bajo la intimidación replicar estados y modelos fallidos. La publicidad que los medios de comunicación hacen a estas exigencias, raya entonces en una tácita complicidad con lo que verdaderamente ha llevado al atraso en Colombia; la inexistencia de claras reglas de juego conforme a lo que es un país en el siglo 21.



Loading...