Cómo el marxismo cultural deconstruye la realidad ¿Mito o realidad?

Esta es solo una estrategia, un paso más, el progresismo no olvida a su padre y el fin último del Marxismo es la dictadura del proletariado, pero si deconstruimos a este último concepto también, a que engendro nos enfrentaremos ahora?

En la historia reciente de la humanidad un engendro ideológico apareció en el siglo XIX afianzándose con fuerza en el siglo XX, produciendo millones de víctimas, llevando sus tesis erradas a niveles extremos. El Marxismo. Cayendo finalmente por su propio peso a finales del siglo pasado, se ha venido reinventando a lo largo de las últimas décadas pero siempre siguiendo las formulas dejadas por sus creadores.

Desde la caída del Muro de Berlín y el fracaso de los intentos revolucionarios en América Latina y Asia, la izquierda internacional dejo a un lado las tesis Marxistas, leninistas, maoistas de lucha directa, armada y gran revolucionaria, para adoptar una más camuflada, que pudiera socavar los cimientos de la sociedad y permitiera afianzar los principios marxistas pero aún más radicales de lo que el propio Marx alguna vez pudo imaginar.

Es en Antonio Gramsci, comunista italiano donde se encuentra esta línea de acción, ya que a diferencia de Marx, este argumentaba que el cambio político de la sociedad no partía del cambio de la estructura económica, sino atacando la superestructura, es decir la sociedad en sí. Todos los valores, pilares sobre los que se cimienta la odiada sociedad occidental, capitalista, patriarcal, nuestra civilización debía ser permeada y destruida.

Partiendo de este punto, se consideran los elementos fundamentales de nuestra sociedad, como lo es la familia, la religión, la sexualidad, la raza, el arte, como factores opresores, que niegan el espíritu “libre” en este caso no del proletariado sino de todos los individuos. Para los Marxistas culturales, esos elementos son una construcción social, simplemente un fenómeno cultural y por ende es posible modificarlos, imbuidos en las ideas postmodernistas como la deconstrucción de Derridá ha asaltado estos pilares y reinventado todo el sentido que anteriormente representaban. Gramsci decía que ese asalto a la superestructura era una “larga marcha a través de las instituciones” y eso han venido haciendo, desde los sectores educativos, culturales, artísticos, ambientales, han ido imponiendo sus tesis y poco a poco han modificado elementos de nuestra sociedad que por siglos se mantuvieron inamovibles, pero que hoy son simplemente relativos y sujetos al capricho del progresismo.

De esta forma, del concepto de familia que se sobreentendía partía de la unión de un hombre y una mujer con descendencia, se deconstruyó ejerciendo la “corrección política” argumentando que esa noción de familia era caduca que se originaba en preceptos religiosos anacrónicos y discriminatorios, y que el fin no es la procreación

sino simplemente la atracción sexual, como resultado de esta antítesis se impuso en el mundo la verdad del matrimonio homosexual y la multiplicidad de géneros además del hombre y la mujer, el asunto paso de ser algo biológico a ser una construcción social, aceptada como verdad sacrosanta.

Al deconstruir la familia y sus componentes se modifica igualmente la noción de masculinidad y feminidad, llegando a los radicalismos del feminismo de nuestros tiempos y las “nuevas” masculinidades, una vez afectados estos conceptos elementales de nuestra sociedad, desde la cultura y el arte se enseña las tesis de la igualdad y la diversidad donde todo debe ser aceptado, obviamente todo, menos lo contrario a lo deconstruido, defender los valores y pilares es considerado por el progresismo el peor crimen.

Vivimos una realidad desdibujada, deconstruida por el Marxismo Cultural, su revolución ya no la hacen con la fuerza de las armas, sino con las palabras, ejerciendo la más fuerte censura, pervirtiendo la juventud y debilitando sus espíritus. Esta es solo una estrategia, un paso más, el progresismo no olvida a su padre y el fin último del Marxismo es la dictadura del proletariado, pero si deconstruimos a este último concepto también, ¿a que engendro nos enfrentaremos ahora?

Por: Estefania Florez. Líder estudiantil Colombo-venezolana. Tecnologa en Negocios, estudiante de Administración. Desde el año 2019 colabora con el diario argentino “Perfil” con columnas de opinión sobre la situación venezolana.

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