Por qué el periódico El Espectador y la Revista Semana buscan distorsionar los trinos de María Fernanda Cabal

Si bien es cierto, los ataques de Francia por su naturaleza y ejecución tienen un contexto totalmente distinto al caso colombiano, también es cierto que las organizaciones narcotraficantes como las FARC son terroristas, lo que ha sido afirmado incluso en tribunales europeos donde Francia tiene voz y voto.

Los recientes artículos del periódico El Espectador y la Revista Semana, en el sentido de que la representante a la cámara María Fernanda Cabal se burlara de las víctimas del terrorismo en Francia, llaman la atención por la extensión y detalle, así como por la detalla labor de descalificación personal contra la representante a la cámara sin reparar en el contenido de sus afirmaciones. Los comentarios de la representante a la cámara, sin embargo, se destacan por lo concretos y abiertos frente a la posición de la parlamentaria respecto al proceso de negociación del gobierno con la organización terrorista FARC, lo que ha sido ampliamente conocido por la opinión pública y se concilia con la posición de gran parte de la población nacional, así como de concejos de derechos humanos de Europa y Latinoamérica.

El hecho de que medios tan influyentes como el periódico El Espectador o la Revista Semana se dediquen a utilizar sus espacios para descalificar publicaciones en Twitter de un político del Congreso, es uno de los fenómenos más significativos del deterioro del periodismo político en el país. Si bien es cierto existen personas que no están de acuerdo con el punto de vista de la representante, es también cierto que en la actualidad su punto de vista se ve sustentado por probablemente la mayoría de la opinión pública del país, y con ello, los intentos de descalificación de la parlamentaria evidencian un peligroso síntoma de matoneo mediático en cabeza de importantes casas editoriales.

Durante los últimos años, en Colombia, gran parte de la opinión pública ha estado influenciada por la capacidad de exposición que los principales medios tienen en un país con limitadas soluciones tecnológicas y portales para conocer sobre los asuntos políticos. En la actualidad, tanto el periódico El Tiempo, como El Espectador o la Revista Semana, se ubican de lejos como los portales de mayor visitas en el país, con ello, la capacidad de influencia y presión que los portales ejercen sobre la decisión de la ciudadanía, incorpora una gran responsabilidad política frente a los temas del país y su manejo.

La campaña de desprestigio que tanto en esta ocasión como en ocasiones anteriores los medios de comunicación han hecho contra la representante, sin embargo, es insólita por la falta de elementos de base para la sugerida crítica. Los trinos de la representante, por su naturaleza, ocupan una esfera privada de la funcionaria pública, que por su actividad, hacen parte de su labor como activista política. Por el contrario, la labor de organizaciones terroristas como las FARC, el ELN, las bandas criminales, o demás grupos productores y comercializadores de droga, sobrepasa el orden institucional del país, amenazando no solamente el tejido social del mismo, sino la capacidad de discernimiento frente a actos de terrorismo que son manejados por los medios de comunicación con un doble racero. Por ello, la naturaleza de las afirmaciones de la representante no dicen nada distinto a lo que sucede en el país, donde la actual administración busca solidaridad por los ataques contra las 136 víctimas de Francia, pero hace concesiones a organizaciones vinculadas al negocio de la extorsión, el narcotráfico y el terrorismo continental, que durante décadas han puesto en peligro el orden político, institucional y democrático de Colombia y de la región.

Si bien es cierto, los ataques de Francia por su naturaleza y ejecución tienen un contexto totalmente distinto al caso colombiano, también es cierto que las organizaciones narcotraficantes como las FARC son terroristas, lo que ha sido afirmado aún en tribunales europeos donde incluso Francia tiene voz y voto. En este sentido, el ejercicio de importantes medios de comunicación nacional en ocultar la verdadera naturaleza de grupos criminales de esta envergadura no solamente es equivocado, sino suicida, pues son precisamente esas organizaciones las que han atentado contra el orden constitucional y político colombiano, y nos los líderes políticos o de opinión como la representante María Fernanda Cabal. Por este motivo lo que verdaderamente debe llamar la atención tanto de los medios de comunicación como de la población, son las razones por las cuales importantes medios buscan desprestigiar la labor de comunicación de la representante. De lo contrario, las conversaciones en la Habana se confirmarán como una peligrosa bomba de tiempo, mantenidas a espaldas de la opinión y falsamente lavadas por las principales casas editoriales del país.



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