Lo que hizo posible la libertad fue la gradual evolución de la disciplina de la civilización que es al mismo tiempo la disciplina de la libertad.
Friedrich Hayek

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Claudia Morales. El caso de Félix de Bedout y Paola Ochoa o el nacimiento del periodismo Canalla?

De entre los distintos comunicadores en medio de la abominable conducta, los más ácidos y malintencionados fueron Félix de Bedout y Paola Ochoa, esta última, de forma insólita, publicando en la redes sociales el nombre del expresidente Colombiano como principal “sospechoso”. Los dos, a través de sus poderos medios de comunicación, sin pruebas, sin fundamentos, sin declaraciones, sin evidencias, sin detalles de los hechos, sin argumentos.

El episodio reciente que involucra un caso de violación en Colombia, cuya víctima fue la periodista Claudia Morales, pone en evidencia el grado acelerado de descomposición del periodismo colombiano. En concreto, en medio de la ambigua conducta de la denunciante, decenas de periodistas afectos a la administración de Juan Manuel Santos, quienes por años han defendido vergonzosamente la entrega de las instituciones, tomaron la decisión unilateral e irresponsable de iniciar una cacería de brujas apuntando consistentemente a la figura del expresidente Uribe.

Entre los distintos comunicadores en medio de la abominable conducta, los más ácidos y malintencionados fueron Félix de Bedout y Paola Ochoa, esta última, de forma insólita, publicando en la redes sociales el nombre del expresidente Colombiano como principal “sospechoso”. Los dos, a través de sus poderosos medios de comunicación, sin pruebas, sin fundamentos, sin declaraciones, sin evidencias, sin detalles de los hechos, sin argumentos.

El fenómeno de la descomposición del periodismo colombiano como estrategia política difamatoria, sin pruebas ni fundamentos, es un hecho real que con los últimos años no ha hecho más que agudizarse. Con ocasión del acervado nivel de manipulación de la actual administración, cercana a dos poderosas casas editoriales (El Tiempo y la Revista SEMANA), las estrategias de descalificación sin pruebas de opositores, ya sea mediante rumores, conspiraciones, sugerencias o abiertas calumnias, no ha hecho más que agravarse con los años.

El caso de Félix de Bedout, quien incluso con posterioridad a la declaración del expresidente Uribe, y como si fuera un acto reflejo en su red social, dejó de nuevo en el ambiente un rancio mensaje  especulativo contra la figura del exmandatario, se convierte por su naturaleza caustica en el más ejemplarizante caso de degradación del oficio de la comunicación. La situación en su caso no es nueva, debido a su sistemática labor de estigmatización de la oposición política en Colombia –por años-, gozando del acceso a dos poderosos medios de comunicación en el país. En primer lugar, la emisora W Radio, y en segundo Lugar, a Univisión y Canal UNO, por su cercanía con el periodista Daniel Coronell, hoy millonario contratista de la administración de Juan Manuel Santos, y reconocido enemigo de la oposición en el país.

El caso de la columnista Paola Ochoa, es emblemático por su grado de torpeza e irresponsabilidad, lo que se ha puesto en evidencia incluso por otros comunicadores sorprendidos   por la conducta de la líder de opinión.Concretamente, luego de los hechos que rodearon la ambigua declaración de la periodista Claudia Morales -con evidente tufo político-, Ochoa inició una pavorosa cacería de brujas en sus redes sociales, apuntando permanente e irresponsablemente a la figura del exmandatario Álvaro Uribe, de quien el país conoce de tiempo atrás su familia y sus hijos.

Al finalizar el horrendo episodio, la columnista no solamente no detuvo sus acciones, sino que trató de bajar la intensidad de su bajeza renombrando de nuevo al expresidente en sus redes sociales, dándose el lugar de ser la única autorizada en el país para especular sobre el caso de Morales, e hiriendo aún más el degradado oficio del periodismo nacional, mudando a Claudia Morales en su carroña cotidiana para ganar adeptos en redes.

La utilización de un episodio que pertenece a la vida privada de la periodista Claudia Morales, utilizado con evidentes fines especulativos y políticos por periodistas como Félix de Bedout y Paola Ochoa, demuestra un ánimo paranoico que cae en la más abyecta mediocridad conocida en el medio. Para nadie es un secreto que el presidente de la república, con tan solo un 13% de aprobación según los últimos sondeos, requiere de cortesanos que le permitan lustrar el podrido desastre institucional que deja al mandatario entrante. La labor de los periodistas De Bedout y Ochoa, sin embargo, es una calamidad para los medios de comunicación colombianos, quienes durante años, con especulaciones como las de los dos periodistas, han iniciado procesos jurídicos que sin pruebas, han sometido a la cárcel a personas con indicios difamatorios y acusaciones falsas en medios.

El episodio de los dos periodistas teorizando sobre la responsabilidad penal del expresidente como victimario de un caso de violación, es la punta del Iceberg de un ominoso panorama en materia de información. El poderoso poder de micrófonos en personas con conductas emocionales siniestras es una nueva amenaza para el país. Una amenaza dirigida por mentes febriles con la intención expresa de dirigir imputaciones falsas, sin pruebas, para obligar el mundo, a las malas, a construirse al antojo de una cosmovisión irresponsable, sociópata, infantil, vulgar y cómplice de verdaderos criminales que hoy se pasean campantes en el territorio. 

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