VIAJE AL CENTRO DE LA PAZ

Imagen de Jhon Jairo Armesto Tren
Jhon Jairo Arme...
Sentado al lado de la fuente de los leones que escupen agua, en la parte colonial de la Hacienda Santa Bárbara en el corazón de Usaquen, alisto 2el chivo" como se le dice en Cali a los trasteos. ¿Para donde me voy? Para ninguna parte fuera de Bogotá o Soacha, ya que el exilio político-laboral, al igual que a Freddy Krueger en la calle Elm de Springwood donde cometió sus crimenes y mata a los niños y los viejos en sus sueños, estoy en una prisión muy grande rodeada de cerros, árboles y edificios, gracias a la Oposición Oficialista de la que alguna vez formé parte. Estos meses sin escribir, me han servido de terapia para entender y prolongar esta batalla por la verdad, donde nadie sale herido, ya que a nadie convoco a que pelee por mi. Pero no hablemos de mi, hablemos de Bogotá. Tomo el Transmilenio para bajar al centro de Bogotá y comprar algunas cosas necesarias para un demócrata cristiano, de línea de pensamiento Noemí Sanín para estar cómodo en el Congreso Nacional de Paz: audífonos para escuchar emisoras universitarias con música "independiente" ideológicamente comprometida, perfumes de remate ambulante, que se disipan rápido y dejan una breve sensación a falta de baño y mal gusto...ay sobre todo para completar en disfraz, muchos colores mal combinados en la ropa para no deslucir. Llego a la Plaza de la Mariposa, del sector popular de San Victorino en la calle 13 o Avenida Jimenez -por el fundador Jimenez de Quesada, al que casi borran de la memoria colectiva el antihispanismo y xenofobia petrista-, donde a la vista de todos, existe una zona de tolerancia de facto de mujeres provenientes de diferentes regiones del país y situaciones de vida, todas frustradas y marcadas por la soledad, la miseria, el abandono y la falta de amor propio o tal vez de oportunidades - y a veces el odio al trabajo- que exhiben con la anuencia de la sociedad, el comercio y esa misma Policía de "Dios y Patria" por lema, la falsedad y doble moral colombiana a flor de piel. Nos parecemos tanto a los origenes históricos de Holanda: independizados de España, legalización de las drogas, cultura de la inmoralidad como norma de vida y destrucción del patrimonio material e INMATERIAL. ¿Será por eso que algunas ONGs holandesas que asesoran partidos políticos en Colombia, están levantando mapas de las zonas rurales de la Sabana de Bogotá y nuestros páramos? Después de avanzar hacia la carrera séptima para subir al Capitolio, me encuentro a hombres, mujeres con niños que a leguas se les ve el maltrato físico, el hambre y el desaseo, con o sin culpa para despertar la lástima, algo que ya no funciona en una ciudad capital de un país, donde la vida de un perro vale más que un niño y donde podría jurar que aquellos que en redes sociales se dieron bombo con la tragedia de Mocoa, ni sabían que existía esa ciudad y no le tenderían la mano con 2 mil pesos ni a un hermano aunque estuviera agonizando. ¿Que venden en común estas personas en buses, en la calle, en Transmilenio, en los restaurantes populares? El Tipitin, un dulce de la compañía Colombina, -principal distribuidora de golosinas en Colombia de origen vallecaucano-, que en los años noventa tuvo publicidad en televisión y se enfoco a los niños de colegio, pero que con el paso del tiempo paso sin pena ni gloria a las marcas olvidadas que no descontinuan las compañías, y a financiar, a costa de la miseria, mendicidad, pobreza mental y espiritual, desesperanza y vagancia incluso de Bogotá los bolsillos del monopolio azucarero que prende velas a Dios y al diablo en política y en intoxicar la salud del pueblo. ¿Termino el viaje? No, porque me angustia que en la soledad, mal olor, suciedad de las calles, indigencia, Policía que no todo el tiempo hace su deber, aparte de reproducir con sus comportamientos escudados en su uniforme y Nuevo Código el clasismo y la malparidez del carácter colombiano...¿será que mis compañeros asistentes y delegados al Congreso Nacional de Paz, habrá alguien que se de cuenta de esto? ¿los supuestos defensores del pueblo donde están? ¿Estoy loco y me estoy "pasando de piña" con el fanatismo? ¿Es que la paz ya tiene un libreto escrito y sus "defensores" de oficio son "sabios" y yo no? ¿Esnecesario que haya miseria para que otros vivan y den discursos? No tengo ni idea de estas preguntas, ojalá alguien las conteste, aunque lo dudo. En el sectarismo no existe la razón ni hay espacio para ella, que es la mayor bendición de Dios al hombre, perderla es casi peor que perder la vida física. Loi dice alguien que perteneció al peor ejercicio político de la teatralidad de la sinrazón: el uribismo, que no dista mucho del izquierdismo fetichista colombiano en todas sus vertientes. Primos hermanos, serpientes gemelas... No me quedará más que regresar al barrio El Nogal, al vecindario de Losada, a pensar si me vuelvo igual que todos los demás colombianos, que solo viven por lo suyo... o si vale la pena rescatar la democracia cristiana como forma de pensamiento práctico e intentar dar una lucha en las elecciones del Parlamento. ¿Que opinan? @armesto1989 nuevopoderediciones2016@gmail.com



Loading...