Por qué Alejandro Ordóñez es el candidato que más aterroriza a Gustavo Petro y a las FARC.

De ser Ordoñez el elegido, es evidente, que tanto Gustavo Petro como las FARC se verán en problemas que ni siquiera habrían contemplado en sus peores delirios electoreros, y por ese motivo, Alejandro Ordoñez es el candidato que más los aterroriza.

De entre los distintos candidatos a la presidencia, incluso entre aquellos que se encuentran en la coalición del no, es posible dilucidar diferencias que podrían tener serias consecuencias en el tratamiento de terroristas como las FARC, o actores politicos ambiguos con el terrorismo como el candidato a la presidencia Gustavo Petro. En la actualidad, en la coalición del no, las tres figuras que se presentan como el muro de contención del narco comunismo regional podrían por ello ser mas diferentes de lo pensado.Por esto, de entre los tres, es evidente qué Alejandro Ordóñez Maldonado presentaría antecedentes más coherente contra el narcotráfico y el comunismo regional, y por ese motivo, se sería el candidato presidencial y posible presidente que más aterrorizaría los proyectos totalitarios del grupo narcotraficante FARC y Gustavo Petro. La explicación tiene un sin número de motivos, pero se podría resumir en un concepto programático, su propuesta de extradición del secretariado de las FARC, y su pasado en atacar dentro de los causes constitucionales el monstruo continental de la FARC política o el narco comunismo.

Los antecedentes de Alejandro Ordóñez como candidato presidencial y muro de contención contra el narco comunismo regional hablan por sí solos. Las decisiones que tomó durante su pasó en la procuraduría, arrinconaron de forma inmediata -mediante los términos establecidos en la ley colombiana- a ideólogos de organizaciones comunistas en la región con complicidades expresas con grupos al margen de la ley como las FARC o el chavismo venezolano. En este sentido, su decisión dentro de los cauces administrativos y legales, de haber suspendido a la senadora Piedad Córdoba por sus nexos con la organización narcotraficante FARC, es el mayor ejemplo de respeto institucional y de ajusticiamiento de lo que podría ser un capítulo de las FARC política  en Colombia, así como una muestra de lo que podría ser su gobierno.

Por otra parte su decisión sancionatoria contra Gustavo Petro y su anárquica y caótica administración de Bogotá, castigada por Ordóñez como procurador, pone en evidencia su talante administrativo para tratar con igual equilibrio político a corruptos, ineptos y comunistas mestizados con la legalidad.Así, la postura de Alejandro Ordóñez evidentemente demuestra la defensa tenaz de una institucionalidad que durante los últimos años se ha erosionado en Colombia. Finalmente, sus declaraciones en el sentido de proceder incluso a la extradición del secretariado del grupo FARC en el evento de que los Estados Unidos así lo requiera, pone en evidencia una postura legalista y respetuosa de la ley que durante los últimos años el país ha clamado a gritos.

En medio de una campaña presidencial plagada de posturas políticamente correctas, Ordoñez se ha mantenido firme en la decisión de hacer trizas los acuerdos de la Habana de Santos, lo que no necesariamente implica un caos de seguridad política o militar ante reacciones de las bases Guerrilleras, sino sencillamente el ajusticiamiento del secretariado y el respeto a las instituciones y a la Constitución de Colombia para que no lleguen al Congreso de la República a imponer un narco régimen.

Sobre este punto en concreto, es necesario mencionar que incluso personas de la oposición han manifestado penosas y peligrosas ambigüedades  en torno al futuro del pacto habanero del presidente Juan Manuel Santos. Por esto, la posición de Ordóñez, no solamente es coherente, sino pertinente en consecuencia con la Constitución de 1991 y la voluntad ciudadana expresada en el conato de plebiscito del año pasado.

A diferencia de las interpretaciones que otros actores políticos hacen de las elecciones del plebiscito, Ordóñez toma la postura de ceñirse al respeto de la voluntad ciudadana, lo que le da un nuevo piso de autoridad en medio de un debate presidencial preñado de medias tintas. Por ese mar de incongruencias y de oportunismos asociados a las elecciones presidenciales, la posición de Alejandro Ordóñez no solamente está justificada sino que probablemente expresa de forma más nítida la verdadera voluntad popular del colombiano, lo que lo ubica como un respetuoso de la democracia de base civil. En este punto es necesario explicar un trasfondo legal que la gran mayoría de personas en Colombia y analistas políticos tratan de ignorar de forma manipulativa. Y es que el hecho de que, contra la percepción generalizada de observadores de turno, el plebiscito fue modificado inconstitucional e ilegalmente por el gobierno de Juan Manuel Santos reduciendo el censo electoral colombiano a tan sólo un 13%, lo que inhabilita conocer la verdadera postura de repulsión a las FARC que puede habitar en los corazones de los electores. En concreto, los resultados reales de un plebiscito ceñido a la ley, demostrarían en la práctica una postura aún más radical de la ciudadanía colombiana contra las concesiones de Juan Manuel Santos a las FARC, lo que técnicamente se impidió al reducir el umbral del censo electoral.

Hoy, las candidaturas de Alejandro Ordóñez, Iván Duque y Marta Lucía Ramírez se perfilan como aquellas con las mayores posibilidades para ostentar el poder en los meses y años por venir. Bajo esa perspectiva, es necesario preguntarse hasta qué punto los candidatos presidenciales están conscientes de las implicaciones que sobre su capacidad de gobernanza tiene la presencia del secretariado del grupo narcoterrorista Farc en el Congreso de la república. Esta inquietud, preocupante en si misma, flota en el ambiente debido principalmente a las declaraciones de candidatos como Marta Lucía Ramírez o Iván Duque, quienes han manifestado solamente modificaciones al acuerdo firmado por Juan Manuel Santos en el régimen totalitario de La Habana.

Si esto es así, es probable que tanto Duque como Ramírez se encuentren en una situación de gobernabilidad extremadamente difícil, debido a concesiones incluidas en las “modificaciones” que darían capacidad de manipulación al grupo terrorista y sus aliados dentro de la legalidad y los medios de comunicación. Por este motivo, la conducta y la posición de Ordóñez en el sentido de extraditar al secretariado de las FARC, no solamente es ajustada a la realidad nacional sino también sensata. En concreto, en medio de un congreso dominado políticamente por los acuerdos de La Habana, y financiado económicamente por el estado y representantes del narcotráfico, cualquier presidente entrante encontraría irreparables dificultades para desarrollar una agenda de gobierno al dar concesiones a la FARC. Por este motivo, la postura de Ordóñez, le permitiría a él o a un gobierno entrante de la coalición, obtener desde el primer día la capacidad de gobernanza necesaria para hacer las reformas constitucionales y legales que el país urge.

Hasta el día de hoy, la persona con mayores probabilidades de ganar en la coalición del NO parecería ser el candidato Iván Duque. A diferencia de Alejandro Ordóñez y Marta Lucía Ramírez, la robusta maquinaria del Centro Democrático, en su calidad de heredero, lo ha venido respaldando durante los últimos meses. Los resultados del plebiscito, sin embargo, han demostrado que existe una ciudadana que en silencio espera las elecciones, y por eso, no se debe descartar que Ordoñez pueda dar una sorpresa incluso imprevisible para la oposición partidista. En cualquier caso, de las decisiones del ganador de la  consulta como presidente depende no solo el futuro del país sino también de la región. Por ello, la adecuada elección en la consulta del domingo de un líder capaz de interpretar los tiempos que vive Latinoamérica, representa un reto gigantesco para los electores colombianos.

Sí al llegar a las urnas el domingo, los colombianos no asumen una postura radical contra la influencia del narco comunismo, este modelo, junto con sus aliados regionales, colonizarán tarde o temprano las cenizas de democracia que Santos dejó a la nación. De ser Ordoñez el elegido, es evidente, que tanto Gustavo Petro como las FARC se verán en problemas que ni siquiera habrían contemplado en sus peores delirios electoreros, y por ese motivo, Alejandro Ordoñez es el candidato que más los aterroriza.

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