Por qué el PETROCOMUNISMO es real y Colombia debe señalar con rabia a los cómplices de Maduro y las FARC

El desconocimiento en carne propia del abatimiento, el sufrimiento y la destrucción humanas que se está viviendo en Venezuela, y durante muchos años las FARC con métodos aún más sangrientos en Colombia hizo vivir a los colombianos, se lleva a cabo articuladamente con personas que se ocultan dentro de la sociedad civil y que posan de demócratas.

Una reciente alocución del presidente de Venezuela Nicolás Maduro, señalando como grandes aliados del régimen de Hugo Chávez Frías a Antonio Navarro Wolff, Gustavo Petro y Manuel Cepeda (padre del senador Iván Cepeda), pone en blanco y negro el grado de articulación que existe entre el proyecto totalitario venezolano y el comunismo y la demagogia colombiana. Las palabras de Nicolás maduro surgen en un momento en el cual Venezuela lleva a cabo uno de los procesos más profundos de asesinato sistemático de su propia población a través de medidas de hambruna radical, lo que pone en evidencia la naturaleza de su régimen y de sus socios criollos.Como si fuera poco, Gustavo Petro escaló rápidamente en convertirse en uno de los mas cercanos asesores de  dictador  comunista Hugo Chávez en Colombia, bajo el concepto de “Neopopulismo”, que fue acuñado por él mismo en una entrevista que concedió a la revista Dinero.

En medio de la crisis, miles de venezolanos diariamente entran a Colombia, las FARC acaban de recibir más de 30.000 millones de pesos para iniciar sus actividades de proselitismo criminal en el país, el presidente Santos está a la espera de huir apresuradamente del territorio a partir del 7 de agosto del 2018, la izquierda colombiana trata de desmarcarse pavorosamente de las FARC que durante años y años legítimo, apoyo finalmente y trató de lavar la cara de sus horrendos crímenes, las hectáreas de cocaína ascienden a más de 200.000, se incrementa aceleradamente -como no lo había logrado desde el año 2010- el asesinato selectivo de líderes sociales, y una fracción de Colombia, la más desconectada del conocimiento general sobre la política, todavía cree que los demagógicos alaridos de la izquierda irresponsable puede cambiar el rumbo de la nación. La realidad es otra. Latinoamérica está infestada por el comunismo, y su a lo criminal halo se está expandiendo aceleradamente desde Venezuela para dar un salto y quedarse con el poder de Colombia.

Por este motivo, urge en este momento plantear en toda la región, que el fenómeno del comunismo es real y que Colombia debe señalar con indignación, con rabia, y con irritación a todos los Cómplices de Nicolás Maduro, Cuba y la organización narcotraficante FARC.

El fenómeno de la colonización política de los actores terroristas funciona precisamente a partir del lavado de cerebro que hacen de la población más joven, y de su manipulación, aprovechando el desconocimiento que éstos tienen de la historia para que sirvan a sus intereses electorales. El hecho de que Nicolás Maduro abiertamente expresé la afinidad de Hugo Chávez con el padre de Iván Cepeda, Gustavo Petro y Navarro Wolff, pone en blanco y negro, la identidad de personas colombianas que fueron y son cómplices del proceso sistemático de asesinato del pueblo venezolano.

En Colombia, los cómplices también han sido identificados durante los últimos años, pero existe una cúpula de poder político y jurídico que ha impedido procesarlos adecuadamente, y ponerlos en una picota pública necesaria tal y como fue hecho en los antiguos regímenes de la Unión soviética, de Polonia, de Checoslovaquia, de Hungría y de otros lugares del mundo, que se levantaron contra el nazismo y el comunismo, y expusieron a sus responsables de delitos de lesa humanidad ante la historia.

El fenómeno comunista es una realidad consustancial al crecimiento y desarrollo del proceso de expansión capitalista y de libre mercado. Sus ideólogos se nutren de la ignorancia de la sociedad civil, haciendo uso del estado y robando la riqueza de un país para levantarse como estandarte de justicia, cuando en realidad son unos ladrones, unos asesinos y unos perfectos verdugos de su propia población.

El fenómeno de desabastecimiento que se está viviendo en este momento en Venezuela, es uno de los hechos más dramáticos -sin antecedentes- en toda la historia del hemisferio americano. En el momento en el que se escribe este artículo, miles de personas están dejando de existir debido a que no tienen medicamentos, miles de niños están muriendo de desnutrición agravada porque sus padres no tienen absolutamente ningún producto que entregarles para alimentarlos, miles de venezolanos hurgan y buscan desesperadamente entre la basura cualquier desecho para alimentarse ellos mismos, alimentar a sus hijos, o tratar de llevar algún tipo de comida descompuesta a los adultos mayores. Por ello, el silencio y la complicidad de la izquierda, y especialmente el silencio y la complicidad histórica, sistemática y permanente de figuras como Gustavo Petro, Cepeda, Gustavo Navarro Wolff, Piedad Córdoba y otros, que durante mucho tiempo han hecho política con la demagogia, debe ser un llamado de atención y de indignación a la población colombiana para que señale a los cómplices del comunismo en la región y tome las medidas necesarias a partir de las elecciones al congreso y la presidencia de este año.

El desconocimiento en carne propia del abatimiento, el sufrimiento y la destrucción humanas que se está viviendo en Venezuela, y durante muchos años las FARC con métodos aún más sangrientos en Colombia hizo vivir a los colombianos, se lleva a cabo articuladamente con personas que se ocultan dentro de la sociedad civil y que posan de demócratas.

Durante muchos años Colombia ha convivido degeneradamente con actores políticos que no solamente han legitimado directa o indirectamente la dictadura de Nicolás Maduro, sino que se han reunido, y han alabado durante décadas a la dictadura funesta y asesina de Fidel Castro y su hermano Raúl Castro. Este tipo de actores, que usualmente están familiarizados con figuras dentro del partido liberal y el partido comunista, han sido aliados de las FARC, del ELN, y de otros grupos de activismo radical en Colombia; son los socios de los procesos de descomposición y subdesarrollo latinoamericano. Algunos de ellos se han evidenciado en figuras como Ernesto Samper Pizano, quien llego a ser presidente del país y ha callado frente al terrible escenario de Venezuela, participando en el lanzamiento del grupo narco asesino de las FARC, en la Esfera de pseudo-legalidad que Juan Manuel Santos le brindó.

Adicionalmente, a través de las redes sociales y con el paso de los años, se ha conocido el grado de cercanía de Enrique Santos con el régimen narco asesino de Fidel Castro, y la familiaridad simbiótica de diversos actores del partido liberal con todos los regímenes totalitarios que han existido en el territorio latinoamericano. Así, las visitas -por ejemplo-, de Piedad Córdoba durante años y años al régimen de Nicolás Maduro, muestran una cercanía manifiesta y coautora,  que a su vez, por la crudeza de las fotos de ella con el dictador, se convierte en una complicidad asesina que cualquier gobierno democrático de leyes y de orden debería procesar y ajusticiar en el marco de sus competencias institucionales.

Los niños hambrientos de Venezuela son también responsabilidad de los políticos colombianos que durante años han hecho demagogia con la pobreza y la desventura, y han tratado de llegar a espacios de poder para robar al país a través de sus procesos comunistas de despojo, destruyendo las endebles economías latinoamericanas. La prueba reina de este fenómeno está determinada por las declaraciones del propio dictador Nicolás Maduro, quien textualmente se refiere al hoy candidato presidencial Gustavo Petro como uno de sus socios. Por este motivo, urge hoy que los colombianos señalen con rabia quiénes son los satélites del comunismo asesino en Colombia. Solo así, Latinoamérica podrá salir del laberinto de la mentira que le vende el comunismo, y salvarse a sí misma para después salvar al continente.

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