Lo que hizo posible la libertad fue la gradual evolución de la disciplina de la civilización que es al mismo tiempo la disciplina de la libertad.
Friedrich Hayek

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“Tres abogados” La Changua paranoica de Daniel Coronell que hundió el oficio de la comunicación en Colombia

En la práctica, para cualquier persona estable mentalmente, un periodista solo debe demostrar una evidencia y una motivación.En contraste, la extraña columna llamada “tres abogados”, muestra una trama de hasta 10 personas en una sola columna, ninguna de ellas con un nexo directo o real actual, y ninguna de ellas asociadas comercialmente (lo que tampoco demostraría nada).

La degradación del periodismo en Colombia, en cabeza de multimillonarias casas editoriales que han firmado contratos o tienen relación con el estado, ha llevado a una deslegitimación acelerada del gremio y de los periodistas. En la cabeza de estos, hace algunos años, la figura de Daniel Coronell destellaba por su buen olfato, sus conexiones y su capacidad para producir información, lo que le facilitó además un ascenso empresarial en el medio. Con la llegada de la administración Uribe y su dominio de la opinión pública en el país, los periodistas fueron poco a poco desplazados por un clima de positivismo que logró recuperar la gobernabilidad y calma en el territorio. Al cierre del mandato, su elegido Juan Manuel Santos, llegó a la presidencia con un 74% de aprobación (la mas alta en la historia).

En medio del desespero y la acelerada pérdida de protagonismo, la vanidad de los periodistas y su poca popularidad se reemplazó por la paranoia, creando teorías conspirativas que inundaron el sistema judicial colombiano sin pruebas, e instaurando una generación perdida en acusaciones infundadas. Hoy, con el 13% de popularidad del mandatario, la perturbación de los periodistas cercanos al estado se ha convertido en un aberrado frenesí, lo que se evidencia en las redes sociales, y abre un nuevo escenario empresarial y humano para el país en el sector de las comunicaciones.

“Tres abogados” y la changua paranoica que hundió el oficio de la comunicación en el país

Un reciente artículo del reconocido y polémico periodista colombiano Daniel Coronell, podría poner en evidencia el grado de degradación del gremio y la urgente necesidad de que una nueva generación de periodistas surja de las cenizas del excesivo protagonismo que tienen los comunicadores sobre las noticias.

En concreto, el texto publicado en la revista SEMANA, es un lastimoso ejemplo de inestabilidad emocional, conspiración, intereses inexistentes entre figuras conocidas para la opinión pública, verdades a medias y frases sonoras pero huecas.

La Real Academia de la Lengua, define la paranoia como una “Perturbación mental fijada en una idea o en un orden de ideas.” En otras palabras, la paranoia es un comportamiento obsesivo, identificado por la insistencia de una fijación de ideas que no son explicadas en la realidad, pero que lleva a una desconexión de la persona que sufre el trastorno con el mundo.

Un análisis objetivo de la vergonzosa columna “Tres abogados”, publicada en la revista SEMANA (esa si dirigida por el sobrino del presidente –en el mundo real-) es un claro ejemplo de este caso.

Desde el principio de la columna, es claro para cualquier conocedor que el objetivo del periodista es buscar crear una asociación entre el portal El Expediente (dirigido por el joven investigador Gustavo Rugeles) con intereses o actores obscuros del país. Lo que en principio parecería una tarea sencilla si hubiese alguna prueba, en la columna sin embargo, hace alusión a toda una trama de personas, situaciones, frases, recortes de pantalla y teorías que por lo farragoso, hace imposible a cualquier lector hacerse a una idea de lo que busca demostrar el polémico comunicador.

En la práctica, para cualquier persona estable mentalmente, un periodista solo debe demostrar una evidencia y una motivación. En contraste, la extraña columna llamada “tres abogados”, muestra una trama de hasta 10 personas en una sola columna, ninguna de ellas con un nexo directo o real actual, y ninguna de ellas asociadas comercialmente (lo que tampoco demostraría nada) con medios.

A lo largo de su escrito, hace alusión hasta a 10 personas, desde el narcotráfico hasta el periodismo, vivos y muertos, jóvenes y de edades avanzadas, sin que se compruebe ninguna relación causal directa con su factible objetivo inicial.  Las personas mencionadas son:

1. Abelardo de la Espriella
2. Jaime Granados
3. Patricia Mejía
4. Fidel Cano
5. Pablo Escobar
6. William Vélez
7. Mario Uribe
8. Juan Carlos Moncada Zapata
9. José Obdulio Gaviria
10. Gustavo Rugeles

Junto con las 10 personas mencionadas, se especula largamente a lo largo de todas las relaciones (o posibles relaciones), intereses, objetivos y conexiones de estas, sin que exista con claridad una explicación o prueba contra la labor del joven periodismo independiente del país.

Al final del bochornoso texto, sin ninguna prueba o conclusión, el periodista termina con un párrafo abierto sin evidencia ni acusación de nada. En pocas palabras, la ilusión con la que se incluyen nombres, situaciones, personas vivas y muertas, narcotraficantes, periodistas y teorías, no existe sino en la cabeza del escritor.

El “periodismo” vedette, la paranoia y la ignorancia, un problema mayor que vive en los juzgados

La obsesión que durante los últimos años han mostrado algunos periodistas en crear asociaciones y rumores inexistentes, pone en evidencia un problema mayor en el país, consistente en la manipulación sistemática de la opinión pública por influyentes casas editoriales.

Los últimos años presentan una revolución total de la situación, en donde las redes sociales le permiten a los ciudadanos conocer de primera mano la realidad, y no permitir que periodistas influyentes o reconocidas casas editoriales engañen o tergiversen los hechos.

El caso en concreto de la columna “Tres periodistas”, pone en evidencia el vacío que caracteriza la información de reconocidas y multimillonarias empresas como la Revista SEMANA, empeñada en crear matrices de opinión que no son capaces de levantar la vergonzante popularidad del presidente Juan Manuel Santos.  Junto con estas columnas vacías, palabras como la “Paz”, el “Postconflicto”, “las causas objetivas del conflicto”, la “responsabilidad del estado” y otras, vienen a completar el coctel antidemocrático que ha hundido el país en un clima de ignorancia amenazante.

La construcción de teorías sin ningún asiento en la realidad, creadas en medios de comunicación, tiene lastimosamente implicaciones en todo el sistema legal e institucional colombiano. Junto con este tipo de vergonzosas columnas, tanto los ciudadanos, como los aparatos judiciales, se llenan de propuestas paranoicas del mundo, desconociendo en la práctica quienes son los verdaderos enemigos de la sociedad.

La falta de claridad sobre los sistema judiciales y la ausencia de un periodismo objetivo, ha llevado a Colombia al peor de los escenarios. Criminales de lesa humanidad se pasean como víctimas, mientras que los propios periodistas persiguen a los de su gremio en una mediocre cacería de brujas.

Una turbada columna como la mencionada, llena de teorías y lugares comunes de una mente febril pero transmitida en un medio de comunicación influyente, no solamente es una vergonzosa muestra de la decadencia del periodismo colombiano, sino una oportunidad valiosa para que existe un debate serio sobre la comunicación. Hoy más que nunca, Colombia requiere de nuevos emprendimientos de medios y de periodismo serio e independiente. 

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