Silencio por chuzadas contra Gustavo Rugeles, destaparía Cartel de periodismo en Colombia

En cualquier caso, a diferencia de los antecedentes históricos y heroicos de la casa Editorial El Espectador, en este momento, la misma, bajo la nueva dirección, se pliega directamente a los intereses de presidencia, el terrorismo y una fiscalía corrupta. Así, el periódico ofrenda la integridad de su propio gremio, el periodismo, y oculta un hecho trascendental, que el poder de presidencia no solamente llega a manipular e interceptar aspiraciones presidenciales, sino incluso a los periodistas que no hagan parte del Cartel.

El silencio sistemático de los medios de comunicación El Tiempo, El Espectador y la Revista SEMANA sobre los casos de chuzadas al periodista Gustavo Rúgeles, presenta un antes y un después del periodismo en Colombia, aliado para causas insólitas y personales, y ausente en momento de crisis de la libertad de prensa en el país. La situación configuraría además un círculo vicioso que se ha repetido en los últimos años, en los que los principales medios de comunicación del país,  ocultan noticias de trascendencia para beneficiar los intereses políticos de su dirección, desconociendo las implicaciones que sobre Colombia podría tener un cartel de periodismo configurado por las tres principales casas editoriales.

El silencio de El Tiempo y la revista SEMANA ante el Hackergate y sus relaciones fraternales

EN el caso en particular de los medios de comunicación El Tiempo y la Revista SEMANA, el silencio sobre las chuzadas al periodista Rugeles, confirmadas por el propio fiscal General de la Nación Néstor Humberto Martínez, revelarían la articulación en dos frentes: los intereses políticos de los medios de comunicación, y los intereses fraternales con presidencia.

En el caso de los intereses sobre los medios de comunicación, es evidente que con el paso de los meses, el periodista Rugeles se ha vuelto una piedra en el camino para los medios que se niegan a hacer público el avance de las investigaciones sobre el caso conocido como el Hackergate, en el que la campaña de Oscar Iván Zuluaga fue infiltrada por personas cercanas al círculo de Montealegre y la Agencia Nacional de Inteligencia. En esa perspectiva, la agenda política del periódico El Tiempo y la revista SEMANA prefiere omitir la información que afecta al periodista, debido a que sus investigaciones ponen en evidencia el carácter manipulador de los dos medios, cambiando el relato histórico de sus “investigaciones objetivas”, que sin embargo, no jerarquizan los personajes ni los hechos, y sin embargo afectan la democracia con un escándalo gaseoso que afectó la campaña presidencial del 2014 y que no revelo la verdad, que la campaña del candidato Zuluaga fue infiltrada.

Desde una perspectiva asociada a presidencia, es claro que tanto el periódico El Tiempo y la revista SEMANA prefieren guardar silencio a violar intereses de familia. Como es de público conocimiento, la dirección de la Revista SEMANA en cabeza de Alejandro Santos, tiene una relación fraternal con el presidente de la republica (es su tío), lo que se repite en el caso del periódico El Tiempo, donde Roberto Pombo está casado con Juanita Santos.

El caso turbio del periódico El Espectador en Lealtad de Cano a El Tiempo y la revista SEMANA

EL caso del periódico El Espectador, en desviar u omitir los significativos avances de la investigación de Rugeles  sobre la infiltración a la campaña del 2014, puede ser un poco más ambiguo y complejo de analizar. En concreto, es evidente que su director Fidel Cano, toma posición política directa en contra de la oposición democrática en Colombia, así le toque convertirla en anatema del terrorismo de las FARC. Bajo este contexto sin embargo, no se entendería la razón por la cual asume una disposición más audaz, al callar los abusos cometidos contra Rugeles, defendiendo las dudosas calidades del fiscal de la época, Eduardo Montealegre.

En cualquier caso, a diferencia de los antecedentes históricos y heroicos de la casa Editorial El Espectador, en este momento, la misma, bajo la nueva dirección, se pliega directamente a los intereses de presidencia, el terrorismo y una fiscalía en cabeza del polémico Montealegre. Así, el periódico ofrenda la integridad de su propio gremio, el periodismo, y oculta un hecho trascendental, que el poder de presidencia no solamente llega a manipular e interceptar aspiraciones presidenciales, sino incluso  a los periodistas que no hagan parte de lo que podría ser un Cartel.

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