El desespero de Arizmendi y la teoría del terrorismo “legal e ilegal” de Santos

A pesar de que las FARC y el ELN tienen secuestrados, para el presidente, solo los secuestrados del ELN imposibilitan los procesos de dialogo público con este grupo criminal.

En medio de la más grave crisis de popularidad de un mandatario en la historia de Colombia, el presidente de la Republica de Colombia habría tomado la decisión de conceder una extensa entrevista radial al periodista Darío Arizmendi, en su programa Radio Caracol. La entrevista, de la cual numerosos medios de comunicación habrían hecho uso para publicar información acerca de las crecientes dudas frente a la actual administración, en contravía de las expectativas del mandatario, habría dejado un manto de dudas aún mayor frente a la política del actual gobierno. A la entrevista, se adiciona el hecho de que el periodista Darío Arizmendi, es visto por muchos como un periodista con beneficios directos o indirectos con presidencia de la Republica, lo que generaría desconfianza frente a la objetividad de la misma, su urgencia en entrevistar al mandatario en su peor crisis de credibilidad, y la seriedad del tratamiento de problemas nacionales sobre los que la ciudadanía está altamente preocupada.

[pullquote] Finalmente, la entrevista buscó a toda costa esquivar la seria amenaza de orden público del gobierno nacional, debido al incremento acelerado de la producción de cocaína en Colombia. [/pullquote]Así, en medio de una de las más importantes oportunidades para socializar con el presidente la gravedad de la situación, el periodista Arizmendi habría preferido hablar de temas que no permitieran evidenciar la gravedad de las fallidas políticas antinarcóticos de los últimos años. En concreto, el incremento de la producción de cocaína en Colombia se vió estimulado tanto por la capacidad de reorganización militar de la organización terrorista FARC, como por el levantamiento de los procesos de bombardeo de las columnas móviles de la misma, lo que, según datos de esta semana, la ubican a la organización terrorista como el mayor cartel de cocaína del país.

 

EL PRESIDENTE SANTOS Y EL NARCOTERRORISMO LEGAL E ILEGAL

A la gravedad de los hechos, se sumaría el doble racero de presidencia de la república para hacer distinciones entre los distintos grupos narcoterroristas de Colombia. Al respecto, a pesar de que las FARC son el primer cartel de cocaína del país, son paradójicamente el grupo terrorista con las mayores concesiones militares, financieras y de orden público del gobierno nacional. En la entrevista, el presidente insistió en su teoría de que la organización FARC no tendrían dinero. Textualmente reafirmó que:

“Llevo 10 años persiguiendo ese dinero y con autoridades internacionales como la CIA, inteligencia británica, autoridades suizas y no hemos podido encontrar esas cuentas de Farc en el exterior. Lo seguiremos buscando y vamos a dar una recompensa para quien nos señale dónde está ese dinero”

Además, en este momento, los procesos de reorganización militar de la estructura de sus insurgentes, se han facilitado con la tranquilidad de los miembros del secretariado en la isla de Cuba, que adicionalmente monitorean y tienen comunicación permanente en Colombia con los mandos medios y bajos.

Junto con el tratamiento de la organización terrorista FARC, el presidente considera que la organización ELN, merece un tratamiento distinto. [pullquote] En este sentido, a pesar de que las FARC y el ELN tienen secuestrados, para el presidente, solo los secuestrados del ELN imposibilitan los procesos de dialogo con este grupo criminal. ​[/pullquote] Así, el tratamiento del presidente hace distingos que no son comprensibles ni para el país, ni para analistas del conflicto nacional e internacional.

Finalmente, para el presidente, a pesar de que las FARC son el primer cartel del narcotráfico de Colombia, los bombardeos contra grupos criminales deben estar solo enfocados contra las bandas criminales nacientes, como “El Clan Usuga”, “Los Pelusos” y los “Puntilleros”. De esta manera, presidencia ataca a los actores del narcomenudeo con conexiones urbanas, pero permite el fortalecimiento organizacional de las organizaciones con presencia y dominio en las mayores tierras, y en los mayores corredores de salida de coca del país.

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