“Los 7 de Chicago”: Un precedente histórico sobre las marchas y “el delito político”

Es innegable el sesgo y en muchas ocasiones el amarillismo de los medios masivos de comunicación. Ya que en los últimos años, hemos visto que no solamente han realizado el cubrimiento de las marchas y movilizaciones ciudadanas en Colombia, sino que además han manipulado a la opinión pública difundiendo mensajes y notas periodísticas en contra de las instituciones del Gobierno y de los integrantes de la fuerza pública. Lo vímos durante las marchas del 2019, en febrero del 2020 y a finales del mismo año; las cuales fueron convocadas por el Autodenominado Comité del paro y que se extendieron por más de sesenta y tres días.

Pero todo surge como respuesta a las campañas que se han difundido en todos los escenarios a partir de las cuales se construye el mito del “héroe” alrededor de los líderes de los movimientos ya que son varios denominados “resistencias” o “primeras líneas” hasta llegar a narrar como un hecho trágico la judicialización de unos y la muerte violenta personas integrantes de dichos movimientos que cometen delitos tales como: homicidio, terrorismo, porte ilegal de armas, daño en bien ajeno, lesiones personales entre otros  como una “tragedia nacional”.

En estos tiempos, donde las analogías entre la política y el cine son tan comunes, al hacer la comparación entre la situación anterior y la trama de la película “El juicio a los 7 de Chicago”, se observa que estas técnicas de manipulación mediática e inversión de valores no es nueva sino que ha existido mucho tiempo atrás en otros países como Estados Unidos, por eso he decidido el día de hoy hablando del cine, al mismo tiempo  de la situación política de nuestro país y de nuestra ciudad Bogotá.

De la película tan mencionada por su reparto “Don’t Look Up”, cuya traducción significa “No mire arriba” que se emite por la plataforma Netflix la cual ha sido tendencia por varias semanas en las redes sociales y como es natural en estos casos, ha suscitado todo tipo de reacciones y opiniones a favor y  en contra llegando al extremo de rayar en teorías de la conspiración como ha sucedido con “El Juego del Calamar”, “El hoyo”, entre otras. Casi siempre los teóricos académicos o personalidades que tienen voz en los medios masivos sobre estos temas, tienen tendencias ideológicas cercanas al progresismo y a la izquierda, lo que hace que haya un velo mediático sobre lo que está “bien” opinar y lo que no, casi a veces como un dogma religioso.

Pero, hay excepciones a la regla, que confirman la regla. Y esa es la producción de Netflix del año 2020 ganadora del Premio Globo de Oro por mejor guión “El juicio a los siete de Chicago” o “Chicago seven” en su título original en inglés-que pese a su anuncio característico dentro de las novedades de la plataforma realizados periódicamente como tema de entretenimiento de los principales noticieros, curiosamente no ha habido el impacto mediático y los fenómenos de cultura popular pese a las coyunturas de las protestas violentas en Estados Unidos, Chile y Colombia que daban material para haberla convertido en un fenómeno de masas como lo han sido en su tiempo “La Casa de Papel”  o “Game of thrones”.

Por esta razón, esta película es el ejemplo perfecto para analizar la situación actual de nuestro país y  cómo hemos llegado de manera progresiva desde los medios hacia la institucionalidad y finalmente a la sociedad que en terminología progresista termina “normalizando” la inversión de los valores  y la carencia de la moral que se predijo en la Biblia hace muchos siglos: ¡llegará el momento en que lo malo sea llamado bueno y lo bueno sea llamado malo! Esto lo menciono ya que la trama de la película, se basa en el proceso judicial realizado en 1969 a siete activistas de diferentes organizaciones políticas (incluída la organización armada terrorista conocida como los Panteras Negras cuyo dirigente nacional y cofundador Bobby Seale quien estuvo dentro del proceso judicial ) al estar en  los disturbios generados durante las manifestaciones violentas en el mes de  agosto del año 1968 realizadas durante la celebración de la Convención Nacional Demócrata que designaría como candidato único Hubert Humprey vicepresidente del Jefe de Estado, Lindon B. Johnson quien estaba en el poder desde 1963 y debido a su cargo como vicepresidente del asesinado John F. Kennedy-, quien perdería un año después contra el republicano Richard Nixon la presidencia de Estados Unidos. El nuevo gobierno, decide que se reabra el caso que la anterior administración demócrata decidió no llevar a juicio, debido a la tesis de que la policía de Chicago junto a la Policía Estatal de Illinois y la Guardia Nacional comenzaron las acciones violentas en contra de los manifestantes, además de que se culpó al alcalde de la ciudad de ese momento Richard Daley, presuntamente porque prohibió cualquier tipo de manifestaciones en el área cercana al Hotel Hilton, donde se concentraban los delegados argumento que se usaría posteriormente en el proceso por parte de  la defensa de los imputados para que no fueran condenados los manifestantes o convocantes a las marchas, argumentando que estaban siendo procesados por un asunto netamente ideologico y no por haber generado actos vandálicos e incitar a las masas a atentar contra la fuerza pública, lo cual en cualquier parte del mundo es un delito que merece todo el reproche social por cuanto generan miedo temor y ponen en peligro la vida de miles de ciudadanos que transitan en medio de dichas movilizaciones que en muchas ocasiones pierden la vida injustamente por los actos de violencia que ocurren en dicho marco social.

Este juicio historico, nos hace reflexionar sobre la situación que estamos viviendo  en Colombia ya  que a muchos  les gustaría que existiera una institucionalidad fuerte contra la impunidad que reina frente a muchos hechos delictivos y actos terroristas perpetrados durante las movilizaciones y pareciera que muchos agentes de opinión estuvieran felices y conformes con esas falencias de la justicia porque aplauden los actos vandalicos la destrucción de los bienes públicos, de los monumentos, viviendas, establecimientos e incluso medios de transporte masivo e incitan a los ciudadanos a seguir adelante con dichos actos contrarios a la paz y convivencia que no deberia existir en un Estado de Derecho.

De igual forma, tal como se puede ver en la película, la inteligencia americana, concretamente el FBI tenían conocimiento de que los movimientos que participaron en los disturbios en mención tales como : Partido por una Sociedad Democrática, Partido Internacional de la Juventud (fundado por el dirigente procesado Abbye Hoffman) quienes no solamente eran peligrosos por su proclividad a los disturbisos y las actividades terroristas, sino por su promoción de las drogas, la promiscuidad, la relatividad moral, el alcoholismo, ateísmo y lecturas que iban contra las convicciones religiosas cristianas protestantes de la mayoría de Estados de la Unión. Sí, suena raro, pero esto proviene de una carta enviada por la misma Agencia a la oficina del Presidente Johnson el 26 de mayo de 1968, advirtiendo de actividades que se presentarían dada la dura situación política del país con el conflicto en Vietnam, las protestas por los derechos de los ciudadanos afroamericanos, con el asesinato de los líderes Martin Luther King y Malcom X y la polarización política mundial entre el capitalismo y comunismo que se radicalizaría cada vez más durante varias décadas en ese fenómeno conocido como la Guerra Fría.

Otro dato importante, es que dentro de la legislación vigente en ese tiempo, si un grupo de personas cruzaba las fronteras entre Estados para ocasionar actos vandálicos, de terrorismo o conspiraciones contra el orden constitucional se convertía en delito federal, lo que dió a los nuevos mandos del Departamento de Justicia, las herramientas jurídicas para iniciar el proceso. De igual forma, la defensa de los procesados, alegaba que los siete de Chicago no actuaron de manera sincronizada, resaltando sus diferencias ideológicas, regionales y que hasta el proceso se conocieron, lo cual no sirvió para alejar la tesis de la conspiración. Muy parecido a  lo que ha sucedido en Colombia, ya que las investigaciones apuntan a que las protestas violentas ocurridas desde 2019 hasta 2021 contra el Gobierno Nacional, según informaciones de inteligencia que han trascendido a los medios se sabe que han tenido tanto injerencia extranjera de gobiernos como el de Cuba, Venezuela e inclusive Rusia; como la financiación del grupo narcoterrorista Ejército de Liberación Nacional (ELN) dedicado a la explotación minera ilegal, narcotráfico y destrucción de infraestructura.

Por último, y sin ganas de generar spoilers, podemos ver al inicio del juicio, cuando los siete líderes procesados son conducidos a juicio, el lema que gritan sus seguidores a la entrada de los tribunales dice “¡El mundo nos vigila!” una y otra vez. Siempre la cooperación internacional y la libertad de prensa pero principalmente los medios masivos, ha sido la herramienta que ha utilizado el extremismo de izquierda radical cuando no está en el poder para generar empatía y simpatía por parte de la sociedad hacia sus títeres visibles de turno en cualquier circunstancia. Esto, además de la falta de respeto e irreverencia ante las autoridades y a cualquier figura de solemnidad vista como heroísmo o como un valor positivo, tuvieron en ese caso un precedente para el amarillismo de los medios sobre la reserva judicial y también sobre la justificación de los crímenes humanizando a las víctimas. ¿No se parece esto a los juicios a los líderes y perpetradores de los disturbios, saqueos y hasta asesinatos producidos por los movimientos de Primeras Líneas o “resistencias” que llegaron a ser elegidos como consejeros de juventud y tuvieron que retirarse al ser detenidos? ¿Los medios masivos de comunicación no les daban micrófonos a sus “líderes” llamándolos comandantes como lo hacían ciertos medios hace décadas con las FARC y otras guerrillas además de la dictadura cubana romantizando el terrorismo marxista?

Debemos como sociedad, reflexionar a través del arte y la cultura, si la sociedad que nos están vendiendo es la que queremos, para nuestro presente y el futuro de las nuevas generaciones. ¿O le gustaría ser víctima de una justicia politizada?

Nuestro partido Salvación Nacional, promueve la política de los acuerdos sobre lo fundamental para el bienestar y la unidad de la sociedad colombiana, no solamente aplica a los ciudadanos nacionales, sino con los migrantes que llegan y aportan a la riqueza cultural y al progreso de nuestro país. Si usted de verdad cree en la inclusión, respeto a la identidad cultural –individual y colectiva- y rechaza los discursos de odio (donde los extremismos tanto de derechas como de izquierda se encuentran y se parecen), los invitamos a construir esta propuesta entre todos apoyando nuestras listas cerradas al Senado de la República, Cámara de representantes por Bogotá y la candidatura de presidencia del doctor Enrique Gómez Martínez precandidato a la presidencia de Colombia por el partido creado por Alvaro Gómez Hurtado el verdadero cambio que necesita nuestro país sin clientelismo y con propuestas viables para los ciudadanos.

Abstract
Pero todo surge como respuesta a las campañas que se han difundido en todos los escenarios a partir de las cuales se construye el mito del “héroe” alrededor de los líderes de los movimientos ya que son varios denominados “resistencias” o “primeras líneas”