Una de las pocas ventajas que tiene el bien cuando el mal es dominante en un ambiente familiar, individual o social es que quien manda casi absolutamente —por la complicidad o el miedo de su entorno— hace que el cinismo y el descaro sean su norma. A veces hablan demasiado de sus planes y allí revelan secretos que precipitan después su caída o la libertad de sus sometidos.
El rezago psicológico en el nivel de cinismo y descaro de los promotores del Gobierno anterior, en especial del Partido Comunista Colombiano y de su órgano oficial de prensa, el Semanario VOZ, llega al paroxismo con su más reciente análisis sobre la tendencia juvenil de los torneos de “farmear aura”, que reemplazaron por completo a la tendencia del semestre pasado de los “therian”. Los que en décadas pasadas nunca toleraron la esencia diversa ni rebelde, natural en la infancia y la adolescencia, y que incluso la disciplinaban con la muerte, ahora mutan para convertirse en defensores de todo lo “antisistema”, con el propósito de conservar su protagonismo gregario dentro de las fuerzas globalistas que pretenden destruir a Occidente y, en especial, los legados culturales de esta parte del mundo.
“Con la industrialización de la sociedad comunista culmina la hegemonía burguesa.
La burguesía no es tanto una clase social como el ethos de la sociedad industrial misma”.
“La Biblia no es la voz de Dios, sino del hombre que lo encuentra”.
“Ginebra, la Ginebra que Calvino gobierna desde un lecho de enfermo, la Ginebra cuya sombra se extiende desde el púlpito de Knox hasta las antesalas vaticanas, la Ginebra donde se forja un mundo, tiene hacia 1560 unos doce mil habitantes.
Las grandes muchedumbres modernas, además de ser un problema, son redundantes”.
Nicolás Gómez Dávila, filósofo y políglota colombiano. Cofundador de la Universidad de los Andes (1913-1994).
IMPUNIDAD, CINISMO Y PODER
La mayor prueba del dominio cultural que tienen los movimientos colectivistas y globalistas, de todas las tendencias antitradicionales en Occidente durante más de sesenta años, abarcando desde el ámbito universitario y la formación docente hasta el desarrollo laboral y creativo de actividades culturales, es precisamente la normalización y el cinismo de muchas conductas que contradicen los discursos frente a actitudes naturales y normales de la vida. Esto resulta especialmente evidente en torno al papel social de la infancia y la adolescencia como etapas vivenciales y específicas de la vida del ser humano, que son, realmente, necesidades fundamentales de desarrollo para la construcción libre de la vida humana.
En este caso, el Partido Comunista Colombiano, como muchas organizaciones occidentales de tradición comunista, fue históricamente contrario a las contraculturas juveniles y a los movimientos de cambio social, al considerarlos peligrosos o trampas sociales de enajenación establecidas por el capital y la burguesía para desenfocar al proletariado de sus tareas históricas de lucha.
Así pasó con el movimiento hippie en los años sesenta. En el MOIR incipiente de la Universidad de los Andes de los años setenta, a los militantes masculinos se les exigía cortarse el cabello, quitarse las barbas y utilizar zapatos en lugar de sandalias, además de perseguir con saña el consumo de cannabis.
Esa actitud frente al “cambio y la transformación”, propia de una ortodoxia comunista que privilegiaba las ideas, el compromiso y las formas como distintivo social, comenzó a modificarse después de la caída de la Cortina de Hierro y de la Unión Soviética en los años noventa. Causas como los nuevos feminismos, el ecologismo, el ambientalismo y el indigenismo fueron incorporándose progresivamente, al principio de manera indistinta y después mediante desarrollos teóricos que intentaron unir —con babas— los desarrollos teóricos materialistas con la justificación de aquello que, en otro tiempo, ellos mismos —y cualquier persona con valores y sentido del ridículo— rechazaban en épocas pasadas.
El órgano de prensa oficial del Partido Comunista Colombiano, el Semanario VOZ, en su edición 3336, correspondiente del 2 al 8 de septiembre de 2026, publicó un artículo que ni siquiera parece tener una clasificación clara, pues puede entenderse como artículo de opinión o como artículo de análisis. Tendenciosamente, se ubica en la solapada y conveniente sección de “Visión”, donde se realizan análisis para observar fenómenos internacionales o locales desde la perspectiva comunista.
Para comenzar a observar este despliegue de cinismo hecho reportaje —con una autora presuntamente llamada Vera Camargo, lo cual es poco o nada relevante en un organismo político de prensa, ya que nada que salga de allí es publicado sin aprobación—, encontramos:
“Antes también se hacía
Ahora bien, estas expresiones juveniles no son nuevas. Las generaciones anteriores también encontraron en ellas una forma de reunirse, desarrollar su personalidad, construir una identidad y sentirse parte de algo.
Por ejemplo, en 2010 los jóvenes se volcaban a las plazas para tener duelos urbanos de Tektonik, donde las personas movían sus brazos y piernas al ritmo del electro house.
Asimismo, géneros musicales como el rap, el hip hop, el punk, el metal y el rock surgieron en la década de 1970 como expresiones contestatarias frente al sistema. Los espacios públicos fueron fundamentales, pues allí se generaron lugares de encuentro donde la música, la expresión y la inconformidad ayudaron a construir una identidad colectiva.
Mucho antes, en los años cincuenta y sesenta, la música también fue determinante para la identidad de las juventudes y para la apropiación de espacios públicos. Aparecieron los hippies y los rockers, que se reunían alrededor del rock and roll, mientras los beatniks encontraban en los cafés un lugar para leer poesía y escuchar jazz.
La plaza pública, entonces, no es solamente un lugar de paso. Es un espacio fundamental para el desarrollo político, crítico y social de las juventudes: un lugar para encontrarse y construir identidad”.
DERECHOS PEGADOS CON BABAS
Una de las consecuencias del exceso de garantismo y de la mala interpretación de las libertades, producto de los burgueses promotores de la Asamblea Nacional Constituyente que dio origen a la Carta Política de 1991, es que, con los tratados internacionales y una interpretación amañada de los Derechos Humanos, se pueden generar grandes daños y justificar tonterías frente a realidades realmente graves en nuestras sociedades, realmente pobres y desiguales.
En este caso, el espacio público, como espacio de construcción social, seguridad y libre desarrollo de las comunidades e individuos, garantizado por un tejido comunitario y un Estado con autoridad, se reduce a proporcionar un argumento jurídico y doctrinal a una tendencia juvenil de uso del tiempo libre que apareció como una moda repentina:
“El espacio público para los y las jóvenes
Ahora bien, la importancia de estas prácticas no está únicamente en quién farmea más aura. Está también en que los jóvenes vuelvan a tomarse las calles.
La apropiación del espacio público fortalece los vínculos sociales y permite construir experiencias compartidas. ONU-Hábitat ha señalado que los espacios públicos que fomentan la cohesión social pueden reducir el aislamiento y contribuir al bienestar de los jóvenes.
“Los escenarios juveniles permiten expresar las distintas formas de vivir la cotidianeidad que se desarrolla con otros jóvenes, compartiendo el espacio del barrio, el trabajo, la barra de fútbol, el carrete, el grupo de música, la universidad, etc.”, explica el investigador Ramón Ángel Jara Zavala en su trabajo sobre Jóvenes y espacios públicos”.
¿Por qué no generan una argumentación así sobre la decadencia actual del Sistema de Transporte Público de Bogotá —TransMilenio y SITP—, donde desde hace una década y media se presentan la precarización, el abuso de autoridad por parte de la seguridad privada, las subidas indolentes del precio de los pasajes y la falta de gestión de subsidios permanentes de transporte para estudiantes, medidas que pudieron haberse implementado durante los gobiernos del Polo Democrático y del petrismo en la ciudad?
Mi hipótesis es que los therians, los “farmeadores” y demás tendencias creadas por el establecimiento burgués —o industrialmente por el tejido empresarial de China continental y su siniestra red TikTok, con sus oficinas en todo el mundo para generar ganancias— podrían estar siendo utilizados para preparar alguna simbología o movimiento que unifique el caos que planean formar desde diferentes esferas y niveles, ante el baldado de agua fría que fue para ellos el triunfo presidencial de Abelardo De La Espriella. A muchos, desde quienes tienen delirios románticos de ser guerrilleros hasta los socialdemócratas uniandinos con plazas docentes en el exterior y dinero en bancos internacionales, les gustaría ver su caída antes o después de 2030. Algo están tramando.
ORTODOXIA VERSUS CINISMO
El cinismo es el camino inevitable de los totalitarismos y las “roscas” del poder: está bien lo que hacemos nosotros, pero no lo que hagan los demás.
No entro a analizar, porque no es relevante para este escrito, ni las definiciones del término “farmear” ni las categorías sociológicas generacionales de la juventud desde 1980 hasta el presente. Para eso está el mismo artículo y muchas otras fuentes.
Tampoco quiero criticar a quienes —de forma estúpida, en opinión de muchas personas— malgastan su juventud y su tiempo, porque errores cometemos todos en esa época y porque, muchas veces, el propósito y la ocupación de muchos jóvenes en una sociedad que los menosprecia, humilla, instrumentaliza y subvalora tal vez sea, precisamente, aquello en lo que pueden dedicarse y sentirse libres.
Lo importante es realmente dejar en evidencia el papel cínico no solamente del Partido Comunista Colombiano, que fue cogobierno hasta hace apenas menos de un mes y que ha recuperado relevancia, sino también de todos los huérfanos de poder y enemigos gratuitos del Gobierno Nacional, quienes harán todo lo posible por desestabilizar y eliminar el voto democrático antes de 2030, si pueden.
Y no les ha importado, como tampoco les importa ahora, destruir regiones enteras, quitar vidas humanas, pactar con el narcotráfico o destruir los recursos naturales. Tampoco les va a importar que los jóvenes hagan algo productivo como leer, hacer deporte, estudiar, practicar una danza o desarrollar algún arte u oficio.
Como yo no le tengo miedo, ni antes ni ahora, a las actitudes normales y naturales, no me extraña que el Partido Comunista Colombiano haya perdido a lo largo del tiempo militantes y que existan procesos dentro de sus juventudes orientados a crear organizaciones comunistas alternas a su estructura cínica, maniquea y burocrática, al igual que ocurre con todas las fuerzas del Pacto Histórico, que son multicolores o estalinistas cuando les conviene.
Al inicio del libro “Ruptura: una camarilla corroe el Partido Comunista” (1985), del abogado y congresista comunista José Cardona Hoyos, asesinado en 1986 en Cali después de su publicación —hecho que no ha sido aclarado hasta hoy—, está citada esta frase del político comunista búlgaro Jorge Dimitrov:
“Un Partido Comunista no puede hablar oficialmente a sus simpatizantes una cosa y al mismo tiempo hacer lo contrario. Continuaré luchando por mis ideales comunistas. Soy comunista, un verdadero comunista y nunca dejaré de serlo”.
El mismo Cardona Hoyos, en la introducción en la que expone el propósito de su libro, expresa el deber ser de la coherencia de su partido:
“Los comunistas colombianos necesitamos aclarar temas y discutir conceptos que se quedan en brumas a pesar de los esfuerzos colectivos que significan las preparaciones de nuestros Congresos. Pero sobre todo tiene que acostumbrarse a la idea de que también los máximos dirigentes deben ser controlados, porque no hay ninguna garantía de su infalibilidad individual colectiva”.
El Partido Comunista Colombiano, que tiene 96 años de fundado, es el tercer partido tradicional de Colombia por su fundación en 1930 —aunque ya existía como Partido Socialista Colombiano desde 1920—.
Contrario a lo que muchos pensarían, yo no promuevo ni promuevo la prohibición de organizaciones políticas, aunque entiendo y apoyo a los países como Rumania o Alemania que lo han hecho si lo consideran un peligro para su institucionalidad.
Pero tal vez lo que necesita el país para construir una verdadera cultura política es que sus partidos regresen a sus valores originales, en especial los de mayor antigüedad y tradición.
Y esto va también para los ya casi inexistentes Partido Liberal y Partido Conservador.
FUENTES
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“Y tú, ¿ya ‘farmeas aura’?”. Semanario VOZ. Edición 3336, 2 de septiembre de 2026. Enlace virtual: https://semanariavoz.com/y-tu-ya-farmeas-aura/ (consultado el 5 de septiembre de 2026).
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Cardona Hoyos, José. Ruptura: una camarilla corroe al Partido Comunista. 1985. Versión mecanografiada digitalizada. Ediciones Rumbo Popular. Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH). Enlace virtual: https://micrositios.centrodememoriahistorica.gov.co/jose_cardona_hoyos/wp-content/uploads/2020/11/Libro-Ruptura_Version-Mimeo.pdf (consultado el 5 de septiembre de 2026).