La distinción que defiende el canciller Omar Bula Escobar tiene respaldo en la ciencia política: la globalización es un proceso de interconexión, y el globalismo es un proyecto ideológico sobre quién debe gobernarlo. Para un país periférico como Colombia, esa diferencia decide cuánto margen de decisión conserva el Estado. Este artículo examina la tesis en seis categorías.
Lo que ha dicho el canciller
Omar Bula Escobar lleva años sosteniendo que el eje político del siglo XXI ya no es izquierda contra derecha, sino globalismo contra nación. Fue funcionario de Naciones Unidas durante dos décadas, sobre todo en el Programa Mundial de Alimentos, y habla del sistema multilateral como alguien que lo conoció por dentro.
Sus declaraciones documentadas trazan una línea coherente:
- Estado-nación en cuestión. En 2020 afirmó que el movimiento globalista pone en duda la división del mundo en Estados con cultura, gobierno y orden propios, según recogió El Espectador.
- Fronteras. En charlas académicas describió el globalismo como la aspiración a “un mundo sin fronteras” y citó el pacto mundial de migración como ejemplo, según El Nuevo Siglo.
- Soberanía en tres planos. Ya designado, dijo que la defensa abarca el territorio, hoy disputado por el crimen organizado, y también la soberanía cultural y social. Resumió el criterio así: “lo primero es nuestra soberanía nacional y los intereses del país” (El Espectador).
- Revisión, no ruptura. Anunció una revisión de los compromisos internacionales con criterio de costo-beneficio (Blu Radio) y pidió “desacralizar” la ONU, que a su juicio perdió neutralidad (AFP en El Mercurio).
El dato decisivo es lo que hizo al llegar al cargo. El 15 de septiembre de 2026 confirmó ante el Senado que Colombia seguirá en la ONU, en el Consejo de Seguridad y acompañando la Misión de Verificación (El Universal). Esa conducta es la distinción llevada a la práctica: participar en el mundo interconectado sin aceptar que las reglas se fijen por fuera del interés nacional.
Categoría 1. Conceptual: un proceso no es un proyecto
La separación entre globalización y globalismo es una distinción académica consolidada desde los años noventa, no una invención polémica reciente. Quien las trata como sinónimos confunde un hecho con una doctrina.
GlobalizaciónGlobalismo
NaturalezaProceso empíricoIdeología o proyecto político
ContenidoFlujos de comercio, capital, tecnología, personas e ideasTesis sobre cómo y quién debe gobernar esos flujos
Se mide conDatos: comercio, inversión, conectividadNormas, tratados, agendas e instituciones
Relación con el EstadoLo condiciona, pero admite políticas nacionales distintasTraslada decisiones a instancias que no responden al votante nacional
ReversibilidadAvanza o retrocede por tecnología y costosDepende de decisiones políticas deliberadas
Cuatro autores sostienen la distinción desde orillas distintas:
- Ulrich Beck separó globalización, globalidad y globalismo. Definió este último como “la ideología del dominio del mercado mundial”, que sustituye el quehacer político (cita recogida por El Dínamo; reseña en Análisis Político, Universidad Nacional).
- Manfred Steger habla de “globalismos” en plural: ideologías que cargan el proceso con valores. El globalismo de mercado afirma que la globalización es inevitable, que nadie la dirige y que beneficia a todos (Globalism: The New Market Ideology).
- Joseph Nye distinguió en 2002 el globalismo, como estado de redes de interdependencia, de la globalización, como su aumento o disminución.
- Quinn Slobodian documentó en Globalists (2018) un proyecto intelectual de décadas para blindar los mercados frente a las decisiones democráticas nacionales mediante instituciones supranacionales.
La literatura coincide en que son cosas distintas, pero no en qué es el globalismo. Para Beck y Steger es ante todo ideología neoliberal de mercado; el canciller lo entiende como proyecto de gobernanza supranacional con agenda cultural. La tesis de Bula toma la distinción académica y le da un contenido propio, que debe defenderse con evidencia en las cinco categorías siguientes.
Categoría 2. Soberanía económica y condición periférica
Un país periférico entra a la globalización como tomador de precios y de reglas, y por eso paga más caro cada compromiso que reduce su margen de maniobra. Esa es la intuición central de Raúl Prebisch y la CEPAL: el centro exporta manufacturas y normas; la periferia, materias primas.
Colombia encaja en esa descripción con tres datos recientes:
- Canasta concentrada. En el primer semestre de 2025, combustibles y productos extractivos fueron el 39,1 % de las exportaciones. Estados Unidos, la Unión Europea y Panamá absorbieron el 50,7 % del total (Analdex con datos DANE).
- Dependencia alimentaria. En 2025 el país importó 13,2 millones de toneladas de cereales, leguminosas y soya. Los 7,3 millones de toneladas de maíz amarillo llegaron en su totalidad de Estados Unidos (Forbes con datos de Fenalce).
- Producción desplazada. Fenalce calcula que el 88 % de los granos consumidos en 2025 fue importado (Portafolio). El gremio vincula el salto con la desgravación total del cereal en 2022 bajo el TLC con Estados Unidos (Contexto Ganadero).
El comercio en sí es globalización. El componente globalista aparece cuando el tratado fija el calendario arancelario por décadas y saca la decisión del alcance de cualquier gobierno posterior.
El arbitraje de inversión es el caso más nítido. En noviembre de 2024 un tribunal del CIADI condenó a Colombia a pagar 379,8 millones de dólares a Telefónica, más intereses compuestos del 5 % y costas (Portafolio). El origen fue un fallo de 2017 de un tribunal en Colombia, y en abril de 2026 el país perdió el recurso para frenar el pago (Asuntos Legales).
Las pretensiones acumuladas contra el Estado en este foro rondan los 52 billones de pesos, aunque las condenas efectivas han sido muy inferiores a lo reclamado (Pérez-Llorca). La preocupación no es exclusiva de la derecha: el presidente Petro anunció en marzo de 2026 su intención de retirar al país del sistema.
Categoría 3. Soberanía jurídica: quién tiene la última palabra
Colombia ya vivió lo que cuesta ceder jurisdicción sin medir las consecuencias. El 19 de noviembre de 2012, la Corte Internacional de Justicia confirmó la soberanía colombiana sobre San Andrés, pero reconoció a Nicaragua unos 75.000 km² de mar Caribe (Radio Nacional de Colombia).
La reacción fue de Estado, no de partido. Ocho días después, el gobierno de Juan Manuel Santos denunció el Pacto de Bogotá, que otorgaba competencia a la Corte (Cooperativa, con EFE). El retiro llegó tarde: Nicaragua presentó nuevas demandas antes de que surtiera efecto, y en 2022 la Corte declaró que Colombia había violado derechos nicaragüenses en la zona.
El sistema interamericano ofrece un segundo ejemplo. En Petro Urrego vs. Colombia (2020), la Corte IDH ordenó adecuar el ordenamiento interno para que funcionarios elegidos no puedan ser destituidos ni inhabilitados por autoridades administrativas (Corte IDH, comunicado CP-81/2020). La orden toca el diseño constitucional de la Procuraduría, y la decisión recibió críticas por chocar con lo ya decidido por el Consejo de Estado y la Corte Constitucional (El Heraldo).
A esto se suma el derecho blando. La Agenda 2030 y el Pacto Mundial para la Migración no son tratados vinculantes, pero se incorporan a planes de desarrollo, indicadores de cooperación y condiciones de financiación sin pasar por el debate de ratificación que exige un tratado. Ese es el núcleo jurídico de la crítica del canciller: normas que llegan a regir sin que el Congreso las haya votado como tales.
La Constitución de 1991 ya contiene el criterio. El artículo 9 funda las relaciones exteriores en la soberanía nacional, y el 226 ordena promover la internacionalización sobre bases de equidad, reciprocidad y conveniencia nacional. Internacionalizarse es mandato constitucional; hacerlo sin conveniencia nacional no lo es.
Categoría 4. Autonomía democrática: el trilema de Rodrik
El argumento más sólido a favor de la advertencia del canciller lo formuló un economista de Harvard que no es nacionalista. Dani Rodrik sostiene que un país no puede tener a la vez hiperglobalización, soberanía nacional y democracia política: debe elegir dos (reseña en Revista de Economía Mundial).
Las tres salidas posibles ordenan el debate:
- Hiperglobalización con democracia exige gobierno global y sacrifica la soberanía nacional. Es la opción que el canciller llama globalismo.
- Hiperglobalización con soberanía exige aislar la política económica del voto. Sacrifica la democracia.
- Soberanía con democracia exige moderar la integración. Es la opción que el propio Rodrik prefiere.
La tercera salida no es aislamiento. Rodrik propone moderar la hiperglobalización y conservar la globalización, que es la misma línea divisoria que traza Bula con otro vocabulario.
La evidencia empírica refuerza el punto para países como Colombia. Aizenman e Ito midieron las tres variables en 139 países entre 1975 y 2016 y hallaron que el trilema opera como tal en los países en desarrollo. En ese grupo, un mayor nivel de soberanía nacional se asocia con más estabilidad política; en los industrializados ocurre lo contrario (NBER, documento 26905).
Robert Dahl había planteado el problema en 1999 desde la teoría democrática: las organizaciones internacionales no pueden ser democráticas en sentido pleno, porque el ciudadano no dispone de medios efectivos para controlar a quienes deciden. Cada competencia que sube de nivel se aleja del elector que podría revocarla.
Categoría 5. Soberanía cultural y de agenda: quién fija las prioridades
Quien financia una agenda pública tiende a definirla, y en Colombia buena parte de la agenda social se ha financiado desde afuera. Esta es la dimensión que el canciller llama soberanía cultural y social, y es la más difícil de medir.
El congelamiento de USAID en enero de 2025 la hizo visible. La agencia sostenía unos 80 programas en el país, con cerca de 440 millones de dólares anuales (Diálogo Político). Más del 75 % de la cooperación internacional entraba por esa vía, según expertos citados por La República.
Una decisión tomada en Washington dejó sin recursos, en días, a organizaciones sociales y a entidades del propio Estado. La Jurisdicción Especial para la Paz, la Agencia Nacional de Tierras y la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas reportaron recortes. Al menos una organización social despidió a todo su personal.
La lección es de diseño institucional y vale para cualquier donante, sea una potencia, un organismo multilateral o una fundación privada. Una política pública cuya continuidad depende del presupuesto de otro país expresa las prioridades de ese país mientras duren. Steger lo describe en términos teóricos: los globalismos son ideologías con contenido normativo, que llegan con una idea de lo que una sociedad debe valorar.
La escuela latinoamericana de la autonomía da el marco. Juan Carlos Puig la entendió como el mayor margen de decisión propia compatible con las restricciones reales del sistema internacional (ponencia en ALAS). Helio Jaguaribe, Carlos Escudé y la autonomía relacional de Russell y Tokatlian discuten el método, pero comparten el objetivo de ampliar ese margen.
Categoría 6. Territorio, seguridad y recursos estratégicos
La soberanía se pierde también en lo material: energía que hay que importar y territorio que el Estado no controla. Aquí la advertencia del canciller se apoya en cifras.
Energía. Colombia perdió en diciembre de 2024 una autosuficiencia en gas natural que duró 45 años, y en 2025 cubrió con importaciones cerca del 20 % de la demanda (Forbes con datos de Naturgas). En el primer trimestre de 2026 la proporción superó el 23 %, y el gas para la industria subió 69 % durante 2025 (Portafolio con informe de Corficolombiana).
Los gremios atribuyen parte del deterioro a la decisión de no firmar nuevos contratos de exploración. Para la lectura del canciller, es el ejemplo de una meta global de descarbonización adoptada sin calcular su costo para un país cuya matriz depende en 75 % de petróleo, gas y carbón. Bula lo ha dicho con referencia a Europa: las políticas verdes tuvieron costos económicos graves.
Territorio. El canciller sostiene que buena parte del territorio está hoy bajo control del crimen organizado. Es un problema transnacional por definición, porque la demanda, las rutas y el lavado están fuera del país. Combatirlo exige cooperación entre Estados, que es globalización bien entendida, y no delegación de la política antidrogas.
Certificación. El 15 de septiembre de 2025 Estados Unidos descertificó a Colombia en la lucha antidrogas, por primera vez desde los años noventa (El Universal). El episodio muestra el costo de que un tercero evalúe una política nacional con sus propios criterios. También muestra que la presión sobre la soberanía de un país periférico no viene solo de los organismos multilaterales.
Síntesis: las seis categorías
En las seis categorías el patrón es el mismo: el intercambio beneficia o perjudica según las reglas, y el riesgo aparece cuando las reglas se fijan lejos del elector colombiano.
CategoríaLo que es globalizaciónLo que sería globalismoEvidencia colombiana
1. ConceptualInterconexión como hechoDoctrina sobre quién la gobiernaDistinción de Beck, Steger y Nye
2. EconómicaComercio e inversión extranjeraReglas que blindan al inversionista frente al EstadoLaudo Telefónica: 379,8 millones de dólares; 88 % de granos importados
3. JurídicaTratados ratificados y revisablesÚltima palabra en tribunales externos; derecho blando sin ratificaciónFallo de La Haya de 2012: 75.000 km² de mar
4. DemocráticaIntegración moderada y votadaHiperglobalización con gobierno globalTrilema de Rodrik; Aizenman e Ito en 139 países
5. Cultural y de agendaIntercambio de ideas y cooperaciónPrioridades públicas definidas por el donanteCongelamiento de USAID: 80 programas afectados
6. Territorial y de recursosCooperación contra el crimen; comercio de energíaMetas globales adoptadas sin calcular el costo local20 % del gas importado en 2025
Conclusión: de la advertencia al criterio
La advertencia del canciller se sostiene en su núcleo: globalización y globalismo son cosas distintas, y un país periférico pierde más que uno central cuando confunde la primera con el segundo. La urgencia también tiene base, porque el gas importado crece, los laudos se vuelven exigibles y la cooperación externa se retiró sin aviso.
La revisión de compromisos que anunció la Cancillería puede convertir la tesis en método. Cuatro preguntas bastan para examinar cada tratado, pacto o programa:
- ¿Lo aprobó el Congreso como tratado, o entró como derecho blando?
- ¿Quién resuelve las disputas, y puede Colombia revisar o salir sin costos desproporcionados?
- ¿Deja espacio para política industrial, agrícola y energética propia?
- ¿Depende su continuidad del presupuesto o de la voluntad de un tercero?
Aplicado con rigor, ese examen vale para Naciones Unidas y también para Washington. Esa coherencia es la que le daría a la distinción del canciller la fuerza de una doctrina de Estado, y es el punto donde sus críticos lo pondrán a prueba.
Fuentes
Declaraciones y contexto político
- El Espectador: las ideas de Omar Bula antes de su designación (8 de julio de 2026)
- El Espectador: entrevista al canciller designado (9 de julio de 2026)
- El Nuevo Siglo: el pensamiento geopolítico del nuevo canciller
- Blu Radio: revisión de acuerdos vigentes
- AFP en El Mercurio: “desacralizar” la ONU
- El Universal: Colombia seguirá en la ONU
- Cancillería de Colombia: perfil del ministro
Datos y casos
- Analdex: exportaciones colombianas, junio de 2025
- Forbes Colombia: importación de granos en 2025
- Portafolio: producción de granos y seguridad alimentaria
- Contexto Ganadero: Fenalce y la soberanía alimentaria
- Portafolio: laudo a favor de Telefónica
- Asuntos Legales: recurso perdido en el caso Telefónica
- Pérez-Llorca: Colombia y el arbitraje de inversión
- Radio Nacional de Colombia: fallos de La Haya
- Cooperativa: denuncia del Pacto de Bogotá
- Corte IDH: comunicado sobre Petro Urrego vs. Colombia
- El Heraldo: columna sobre el caso Petro
- Diálogo Político: el cierre de USAID en Colombia
- La República: programas de USAID afectados
- Forbes Colombia: gas importado en 2025
- Portafolio: informe de Corficolombiana sobre gas
- El Universal: descertificación de 2025
Literatura académica
- Beck, U. (1998). ¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo, respuestas a la globalización. Paidós. Reseña en Análisis Político.
- Steger, M. (2002). Globalism: The New Market Ideology. Rowman & Littlefield.
- Nye, J. (2002). “Globalism Versus Globalization”. The Globalist.
- Slobodian, Q. (2018). Globalists: The End of Empire and the Birth of Neoliberalism. Harvard University Press.
- Rodrik, D. (2012). La paradoja de la globalización. Antoni Bosch. Reseña en Revista de Economía Mundial.
- Aizenman, J. e Ito, H. (2020). “The Political-Economy Trilemma”. NBER Working Paper 26905.
- Dahl, R. (1999). “Can International Organizations Be Democratic? A Skeptic’s View”. En Democracy’s Edges. Cambridge University Press.
- Prebisch, R. (1949). El desarrollo económico de la América Latina y algunos de sus principales problemas. CEPAL.
- Puig, J. C. (1980). Doctrinas internacionales y autonomía latinoamericana. Universidad Simón Bolívar.
- Russell, R. y Tokatlian, J. G. (2002). “De la autonomía antagónica a la autonomía relacional”. Perfiles Latinoamericanos. Panorama de la escuela de la autonomía.
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