Beligerancia viral. Por qué el embajador Zhu Jingyang se ha convertido en un problema para China, Colombia y las relaciones entre ambos países
Es el principal representante de un Estado extranjero ante el Gobierno del país receptor. Sus intervenciones públicas, por tanto, no pueden ser valoradas como las opiniones personales de un ciudadano ordinario: comprometen, inevitablemente, la imagen y los intereses del Estado al que representa.
embajadachina

La permanente actividad beligerante del embajador de China en Colombia, Zhu Jingyang, se ha convertido, con el paso de las semanas, en un constante dolor de cabeza tanto para China como para Colombia.

Su tendencia a enfrascarse en discusiones antagónicas con figuras políticas, empresarios y ciudadanos colombianos, en lugar de concentrarse estrictamente en el ejercicio de sus funciones diplomáticas, no refleja el talante histórico de la representación de China en Colombia ni la compostura que demanda una responsabilidad de su nivel.

Un embajador no es un activista político, un comentarista de las controversias nacionales ni un contradictor permanente en las redes sociales. Es el principal representante de un Estado extranjero ante el Gobierno del país receptor. Sus intervenciones públicas, por tanto, no pueden ser valoradas como las opiniones personales de un ciudadano ordinario: comprometen, inevitablemente, la imagen y los intereses del Estado al que representa.

Una controversia innecesaria alrededor del Metro de Bogotá

El episodio más reciente se produjo después de una visita pública del embajador a las nuevas instalaciones de la Primera Línea del Metro de Bogotá, acompañado por Claudia López y por otras figuras políticas.

Con ocasión de ese evento, el exalcalde Enrique Peñalosa recordó públicamente que la construcción del Metro fue contratada y financiada con recursos de los colombianos. No se trató de una donación del Gobierno chino ni de un programa de cooperación bilateral, sino de una adjudicación comercial obtenida por un consorcio de origen chino después de presentar la mejor oferta dentro del proceso correspondiente.

Peñalosa escribió:

“Que el embajador chino haga un show de una visita al Metro es equivalente a que el embajador de Estados Unidos hiciera show de visitar un avión Boeing nuevo de Avianca o que el de Brasil lo hiciera con aviones Tucano comprados por la Fuerza Aeroespacial Colombiana”.

El exalcalde agregó:

“Ahí no hubo ningún favor ni nada por lo que debamos estar especialmente agradecidos con el Gobierno chino, como no tenemos por qué estarlo con el Gobierno coreano si una entidad pública compra retroexcavadoras coreanas”.

La observación de Peñalosa podrá compartirse o controvertirse. Como ciudadano colombiano y como exalcalde responsable de la estructuración y contratación del proyecto, tiene pleno derecho a formularla públicamente. Su afirmación, además, establece una distinción objetiva: una cosa es una inversión realizada por iniciativa y bajo riesgo de una empresa extranjera, otra es un programa de cooperación entre Estados y otra, completamente diferente, es un contrato comercial financiado con recursos públicos colombianos.

El embajador decidió entrar en la confrontación

Lo verdaderamente problemático fue que el embajador Zhu Jingyang decidiera responder personalmente y prolongar en las redes sociales una controversia que no requería la intervención directa del principal representante diplomático de China en Colombia.

Al asegurar que la visita “no es hacer show” y entrar en una discusión pública con el exalcalde, el embajador abandonó nuevamente el terreno de la prudencia diplomática para internarse en una controversia política doméstica.

El episodio resulta todavía más inconveniente porque la visita contó con la participación de Claudia López, una dirigente con intereses políticos propios y una reconocida historia de enfrentamientos con Peñalosa. El exalcalde reprochó expresamente su asistencia:

“Y que el embajador invite a Claudia López a su show, quien incluso demandó el proyecto que habíamos contratado para matarlo, es todavía más fuera de lugar”.

Independientemente de la valoración que se tenga sobre Peñalosa o López, no le corresponde a una embajada extranjera convertirse en escenario, instrumento o participante de las disputas entre dirigentes colombianos. Mucho menos le corresponde al embajador intervenir personalmente para controvertir a una de las partes.

La diplomacia debe construir relaciones institucionales estables. No debe alimentar antagonismos internos ni convertir las redes sociales en una extensión de las controversias partidistas del país receptor.

Un contrato comercial no es un favor de Estado

La Primera Línea del Metro de Bogotá se construye con recursos públicos colombianos y bajo las obligaciones establecidas en un contrato. El consorcio adjudicatario debe cumplir las condiciones técnicas, financieras y operativas pactadas, precisamente porque recibe una contraprestación económica por hacerlo.

La participación de empresas chinas en el proyecto es legítima y puede constituir una demostración importante de sus capacidades en materia de infraestructura. Sin embargo, esa participación no debe presentarse como una concesión política de China a Colombia ni como una razón para exigir gratitud hacia el Gobierno chino.

La obra no fue regalada. Colombia la está pagando.

En este punto, Peñalosa fue explícito al diferenciar entre el respeto por China y la naturaleza estrictamente comercial de la operación:

“Respeto y admiro a China, y ojalá que el embajador promueva, por ejemplo, inversiones chinas en Colombia. Pero que le compremos productos a China en condiciones comerciales ordinarias no tiene nada especialmente meritorio”.

Su afirmación no constituye un ataque contra China. Es una precisión elemental sobre la naturaleza del contrato y sobre el origen de los recursos utilizados para financiarlo.

Pretender convertir cualquier cuestionamiento a una empresa china o a la conducta del embajador en una agresión contra China solamente empobrece la conversación bilateral. Un país de la importancia de China no necesita que sus representantes respondan con susceptibilidad ante cada crítica formulada en las redes sociales.

El problema no es China

El problema no es China ni la creciente relación económica entre ambos países. Colombia mantiene con la República Popular China una relación diplomática y comercial que debe profundizarse sobre la base del respeto mutuo, la reciprocidad y la defensa transparente de los intereses nacionales.

Las empresas chinas pueden contribuir sustancialmente al desarrollo de la infraestructura, la tecnología, la industria, el comercio y la inversión en Colombia. China representa uno de los actores fundamentales del sistema internacional y constituye un socio económico cuya importancia para América Latina continuará aumentando durante las próximas décadas.

Precisamente por la relevancia de esa relación, su conducción diplomática exige prudencia, profesionalismo y sentido institucional.

Un embajador debe explicar las posiciones de su Estado, facilitar las relaciones con el Gobierno nacional, promover el comercio y la inversión, proteger los intereses legítimos de su país y actuar como un canal institucional entre ambos gobiernos. No debería convertirse en un comentarista permanente de la política interna colombiana ni en un contradictor personal de ciudadanos, empresarios, exfuncionarios o dirigentes que expresen posiciones críticas.

La representación diplomática de China debería ser la primera interesada en evitar que la imagen de su país quede asociada con la personalidad, el temperamento o las controversias digitales de un funcionario particular.

Una conducta que perjudica a los dos países

Cada nueva discusión pública del embajador Zhu Jingyang desplaza la atención desde la relación bilateral hacia su propia conducta. En lugar de hablar sobre nuevas inversiones, cooperación tecnológica, comercio, infraestructura o posibilidades de desarrollo conjunto, el debate termina concentrado en sus enfrentamientos en las redes sociales.

Esto no fortalece la posición de China en Colombia. La debilita.

Tampoco ayuda a construir una percepción favorable sobre las empresas chinas, pues transmite la impresión de que cualquier crítica a sus actuaciones comerciales puede provocar una reacción política de la Embajada.

China ha construido tradicionalmente su presencia internacional alrededor de principios como la soberanía, la no injerencia y el respeto por los asuntos internos de otros Estados. La participación reiterada de su embajador en controversias políticas colombianas resulta difícil de conciliar con esos mismos principios.

El problema tampoco se resuelve argumentando que el embajador solamente ejerce su derecho a responder. Por la naturaleza de su cargo, Zhu Jingyang no interviene en el debate público únicamente a título personal. Cada una de sus declaraciones se interpreta como una expresión de la representación oficial de la República Popular China.

Esa condición exige un nivel de reserva y responsabilidad muy superior al de cualquier usuario ordinario de una red social.

China debería reconsiderar su representación diplomática

Por estas razones, sería conveniente que el cuerpo diplomático y las autoridades de la República Popular China reconsideraran seriamente la continuidad de Zhu Jingyang como embajador en Colombia.

No se trata de promover una ruptura con China ni de deteriorar una relación bilateral de creciente importancia. Es exactamente lo contrario: precisamente porque esa relación es valiosa, su conducción requiere un representante capaz de actuar con prudencia, compostura, serenidad y sentido institucional.

La diplomacia no consiste en ganar discusiones en las redes sociales. Consiste en evitar que controversias menores se conviertan en obstáculos para los intereses superiores de los Estados.

China necesita en Colombia un embajador concentrado en dialogar con el Gobierno nacional, facilitar inversiones, resolver asuntos bilaterales, promover la cooperación y construir confianza entre ambas sociedades. Colombia, por su parte, merece una representación diplomática que respete sus debates internos y comprenda que los ciudadanos colombianos tienen derecho a examinar y cuestionar las actuaciones de cualquier empresa extranjera que contrate con el Estado.

Cuando un embajador se involucra repetidamente en disputas con ciudadanos y dirigentes del país ante el cual está acreditado, deja de actuar como un puente y comienza a convertirse en parte del problema.

La relación entre China y Colombia es demasiado importante para quedar subordinada a la beligerancia personal de su actual embajador.

La hoja de vida académica y laboral en el mundo diplomático, así como la tradición diplomática, académica y de servicio público del Canciller Designado Omar Bula Escobar son innegables para el gran consenso de la opinión pública, inclusive para sus contradictores ideológicos

You’ve reached your free article limit

support FP by becoming a subscriber and get unlimited access to every story.

ALREADY SUBSCRIBER? LOG IN

FP PREMIUM
$19.99 per month
  • All analysis on elnodo2021.space
  • Quarterly digital and print magazine
  • Digital access to elnodo's 50-year print archive
  • News alerts delivered to your inbox
  • Access to "Elnodo Live" interactive events with Elnodo Editors & Contributors

Cancel Anytime.

BEST VALUE : SAVE 15%
FP PREMIUM
$199.99 A year
  • All analysis on elnodo2021.space
  • Quarterly digital and print magazine
  • Digital access to elnodo's 50-year print archive
  • News alerts delivered to your inbox
  • Access to "Elnodo Live" interactive events with Elnodo Editors & Contributors

Cancel Anytime.

FP PREMIUM
$450 PER YEAR
  • All analysis on elnodo2021.space
  • Quarterly digital and print magazine
  • Digital access to elnodo's 50-year print archive
  • News alerts delivered to your inbox
  • Access to "Elnodo Live" interactive events with Elnodo Editors & Contributors

Cancel Anytime.

Sign up for morning brief

Enter your email address to receive regular updates, as well as news on upcoming events and specific offers.
Manage your newsletter subscriptions