Administración y política para todos: Colombia no tiene partidos, tiene bandos

Por: Jhon Jairo Armesto Tren

Este artículo es el primero de la serie Administración y Política para todos que serán publicadas cada ocho días simultáneamente en Al Poniente y El Nodo Colombia para contribuir a la formación política y la construcción de cultura de seguridad y defensa, para TODOS los ciudadanos, dentro del enfoque de la escuela jurídica y sociológica institucionalista.

La última columna del Blog País Bizarro “Lo que puede pasar en España” abre el inicio de esta serie de columnas que inicia este mes de mayo tan sui generis para la política nacional, porque necesitamos formación política más que agitar las aguas del espíritu y las turbiedades del alma humana en nuestra Nación. El medio citado hace al inicio de sus argumentos de análisis y predicción del futuro de la Madre Patria es muy claro en la definición y claridad de diferencia entre Partido político y bando político, que aunque para algunos pueda parecer una discusión bizantina, es el punto de inflexión de la crisis de la calidad democrática que tenemos en común dentro del funcionamiento de los Estados y sociedades, no solamente de América Latina, sino de Occidente.

SALVAGUARDA LEGAL

El presente artículo está amparado por el artículo 20 de la Constitución Política y por el artículo 13 de la Ley 1909 de 2018 o Estatuto de Oposición.

SALVAGUARDA INSTITUCIONAL

Como estudiante activo de la Sede Central de la Escuela Superior de Administración Pública-ESAP, apoyo de manera irrestricta el proceso de Asamblea General Permanente realizado desde el pasado 20 de septiembre. No obstante, mis opiniones, comentarios y precisiones obedecen a mis derechos políticos como persona y ciudadano colombiano, ante los cuales no sigo más jerarquías que lo que me piden la Ley, la ética profesional y las directrices doctrinarias que sigo en mi colectividad política.

Colombia es una sola, la ESAP es de TODOS los colombianos. La ESAP es azul como el cielo que nos cubre a todos en el suelo de la Patria.

“Una cosa son los partidos, organizaciones complejas que recogen muchos intereses diversos y afrontan muchas circunstancias desesperadas, y otra cosa son los bandos, que son de los que comparten algún fin. Los del partido quieren el poder, los del bando dicen que hay que hacer con ese poder

(...) Los partidos de la oposición necesitan sobre todo cesar en la vacilación sobre la necesidad de hacer frente al gobierno.

(...) Sea que se dirijan al mismo tipo de votantes o que cada uno tenga su "nicho de mercado" propio, a cada uno le conviene sobre todo animar el rechazo al régimen”.

“Lo que puede pasar en España”, Blog País Bizarro. 12 de abril de 2024.

DEMOCRACIA INTERNA: MENTIRA EN LOS PARTIDOS EN COLOMBIA

Hay que entrar en la claridad importante, antes que cualquier discusión conceptual, y es de que las categorías extremas no son parte de la naturaleza de la claridad conceptual, de la misma forma en que las líneas rectas son un producto eminentemente de la imaginación humana, que nunca o casi nunca están presentes en las formaciones geográficas ni de ecosistemas.

Por esa razón, es necesario aclarar la falta conceptual de confundir que sea algo “malo” que existan las tendencias dentro de los partidos. Controlar o evitar las tendencias de pensamiento, es imposible. Existen muchas formas de confluir o converger desde diferentes puntos de vista o aristas hacia una visión de Estado, sociedad y Administración Pública. Por eso existen los partidos políticos, que si bien son una creación en teoría reciente después de la hegemonía a comienzos de la Edad Moderna del fin de los modelos aristocrático-nobiliarios y las monarquías absolutas para pasar a sistemas republicanos basados en la democracia liberal -o en el caso de las tradiciones monárquicas que adoptan el modelo representativo popular dentro de unos parlamentos que eran conformados por cooptación de la nobleza y los cortesanos-.

Es natural que nadie piense exactamente igual a otra persona. De la diferencia proviene la transformación de la humanidad y la civilización misma. Castrar la diversidad de pensamiento y destruir la vida interior -que tiene muchas más facetas que la religiosa-escatológica o “espiritual”- es simplemente fomentar la decadencia moral que pone en peligro el equilibrio social y la capacidad del Estado de garantizar el orden social.

Pero, como en todo el universo del colombiano promedio, nada coincide con la lógica -aristotélica o de cualquier tipo-, los partidos políticos creados en este pedazo de suelo, con este tipo de personas, no obedecen desde luego a la razón. Todos, ABSOLUTAMENTE TODOS los partidos y movimientos políticos de todo el espectro ideológico atropellan las tendencias que no son las que tienen los grupos o personas -que eso es enfermizo y desafortunadamente común en nuestro país, en especial con esa epidemia de partidos que desde 2021 ha generado el Consejo Nacional Electoral-. Persecuciones y denuncias de vetos silentes profesionales, aislamiento de sectores y hasta agresiones y amenazan se han visto y se ven desde el interior del Partido Comunista Colombiano (basta recordar el asesinato en 1985 del ex congresista y profesor José Cardona Hoyos en Cali que curiosamente era ferreo opositor a figuras del Comité Central de su colectividad y a la participación política de las FARC a través de la Unión Patriótica desobedeciendo o negando ser el brazo armado de la colectividad) pasando por la recuperación de la personería jurídica de la Unión Patriótica en 2013 y llegando hasta las polémicas internas del Centro Democrático desde la misma conformación de listas regionales en 2015 pasando por las encuestas dudosas de 2019 y 2022 pasando por la aplanadora del Duquismo que desde el fraude de las fotocopias de la Consulta de la Derecha de 2018 -algo nunca visto en la historia independiente de Colombia ni siquiera en tiempos de pobreza y conflicto- hasta el ostracismo y persecución a medios, periodistas y dirigentes que representan una línea dura del pensamiento conservador e institucional.

Todo partido político tiene tendencias, incluso en los países con gobiernos de talante autoritario como el Partido Comunista de Cuba o el Partido Popular de los Trabajadores de Corea del Norte, hay tendencias, y esas conforman bandos. Y el bando que conquista la mayoría interna, decide cuál es la ruta de acción del Partido en ejercicio del poder. En Colombia, tanto la Administración Pública, como las directivas de los Partidos consideran que la inercia es una forma de gestión muy efectiva, basada en la desidia, el hastío y el aburrimiento de quien quiere cambiar de escenario con el fin de que se mejoren las situaciones del desarrollo de los proyectos de vida buena de cada ciudadano. Al no pasar nada, las dinámicas de poder quedan en manos de la minoría que controla que esa quietud y tedio sigan siendo la tendencia.

Y como me diría un primo hace años al recién ingresar a la Universidad Distrital, dialogando sobre los actores sociales y políticos de la educación pública: “Cuando uno se enfrenta al mal de frente, el mal se le devuelve de frente”. Obviamente no le hice caso, y pagué con lágrimas de sangre comprobar esa teoría perdiendo la juventud representada en quince años.

En síntesis, dolorosamente chocando con la inercia y el autoritarismo disfrazado de cualquier color, supe que la democracia interna de los partidos simplemente no existe.

¿SE PUEDE HACER POLÍTICA FUERA DE LOS BANDOS?

Esta pregunta es muy válida, porque ya entendimos que si la naturaleza real, del deber ser de los partidos es que además de existir tendencias, éstas puedan expresarse de manera clara, diáfana y suficiente; y generar liderazgos de diferentes talantes que permitan la continuidad, mejora en la gestión pública y acercamiento al lenguaje de los electores y ciudadanos. Nada de eso sucede ni en Colombia, y al parecer en ninguna parte de Occidente. Cada bando dominante, a través del dinero, de los medios de comunicación, de las influencias o de no permitir la renovación generacional, secuestra y homogeniza el ejercicio público de la ideología y del poder. Por esta razón, los partidos desde su definición ideal no existen; pero existen como la personería jurídica, empresa o ficción administrativa que reviste y ejecuta las políticas de los bandos.

Y un bando fácilmente puede convertirse en una banda que ejecuta acciones desmedidas que pueden correr el riesgo de rayar en estar por fuera de la Ley, el Orden y la ética.

La gran pregunta de los patriotas, institucionalistas, legitimistas o personas sensatas es: ¿se puede hacer política por fuera de estos escenarios del horror?

La respuesta es sí. Y esa respuesta la encontró el modelo del Estado corporativo. Sí, ese que implementaron los nacionalismos fuertes con corte socialista pero sin el corte con la tradición y lo sobrenatural que proponía el marxismo. Sí, esos de los tiempos de las guerras de primera mitad del siglo XX. Esos que tuvieron eco en los gobiernos de América Latina. Ese modelo de Estado, pese a que en la Convención de Venecia se trató de hacer un juicio de Nuremberg al pensamiento, al cerebro, y prohibir las referencias del Estado corporativo. Borrar las reminiscencias del fascimo y los nacionalismos fuertes fue casi que una consigna en el Occidente posguerra.

¿Qué dirían los que usan el término “fascista” a la ligera si supieran que el principio de participación ciudadana, presupuestos participativos y los consejos consultivos e incluso los escaños parlamentarios y en corporaciones públicas no provenientes de partidos políticos, sino de organizaciones sociales de diferentes tipos -profesionales, gremiales, sindicales, campesinas, étnicas, de género, etc.- provienen del Estado corporativo? ¿Qué dirían si la Constitución argentina de 1949 bajo el peronismo es la base de la mayoría de cartas políticas de la Europa en reconstrucción?

¿Y esa misma gente sabrá que para llegar a incluir dentro del marco legal colombiano a los campesinos como sujeto pleno y población focal de garantía de Derechos Fundamentales es precisamente por la representación social desde la condición de estado y función social del Estado corporativo?

Las organizaciones no permiten bandos, porque existe la libertad de crear otra si no se siente conformidad con las directrices de una. Organización dividida en bandos, la misma naturaleza la saca de circulación. Las que permiten poner en funciones útiles a cada quien desde su diversidad creativa y de pensamiento, sin atacar ni estigmatizar la diferencia, son las que crecen en cualquier ámbito. Y el ámbito electoral no es la excepción.

En el ordenamiento jurídico colombiano existe una elección que permite ese tipo de participación real, corporativa y realmente incluyente son las elecciones de los Consejos Municipales de Juventud que se han realizado en 2021. En diciembre de 2025, serán las nuevas elecciones, y es allí, donde a voto limpio, las nuevas generaciones de colombianos no promedio puedan de manera real cambiar el rumbo del país.

Salir de la caja, salir de los bandos es hacer salir a Colombia de la crisis.

 

Abstract
Todo partido político tiene tendencias, incluso en los países con gobiernos de talante autoritario como el Partido Comunista de Cuba o el Partido Popular de los Trabajadores de Corea del Norte, hay tendencias, y esas conforman bandos.