La admiración de Petro por Allende y Víctor Jara

Con ocasión del triunfo del marxista Gabriel Boric en las elecciones presidenciales de Chile el pasado 19 de diciembre, Gustavo Petro candidato del Pacto Histórico, hizo una exaltación en su cuenta de twitter del derrocado presidente Salvador Allende y del cantautor comunista Víctor Jara, quienes perecieron a raíz de  los sucesos del Golpe de Estado el 11 de septiembre de 1973; en  su  cuenta de twitter Petro afirmó que “anoche lloré” al recordar a estos dos personajes; claro que si de tragedias se trata también podrían haber personas que después de varias décadas  lloran por la forma cruel  en que fue asesinado Rasputín el 30 de diciembre de 1916 en Rusia,  días antes de la revolución de febrero que acabó con la dinastía de los Románov; en donde el monje ortodoxo cumplió un papel nefasto asesorando al  último zar Nicolás ll.

Con semejante exaltación de Gustavo Petro a Allende y a  Jara, se demuestra que el jefe del Pacto Histórico, no niega su prosapia comunista, que toma la historia como venganza o ajuste de cuentas; porque no se puede olvidar el papel catastrófico que jugaron  tanto el mandatario como el artista para Chile y Latinoamérica en plena guerra fría; aunque siempre los demócratas hemos condenado   el golpe de Augusto Pinochet,  pero que a estas horas de la vida Petro venga a tomar partido después de  casi 49 años por la URSS, es un despropósito, pues ese imperio se disolvió hace más de 30 años y no se puede ser prisionero del pasado.

De Víctor Jara, quien fue asesinado de manera brutal en el Estadio Nacional de Santiago, hay que decir que su dogmatismo comunista, lo llevó a exaltar con sus canciones a  movimientos terroristas como los Tupamaros de Uruguay, al igual que a otros grupos extremistas de la región, también en su repertorio le dedica una zamba al “carnicero de la cabaña”, como se conoció en Cuba al genocida del “Che” Guevara, quien se  alegraba cuando asesinaba a  sus semejantes; además Jara mostró ardor por el cura Camilo Torres Restrepo a quien le dedicó una de sus canciones, asimismo el chileno le hizo loas al sanguinario dictador comunista de Vietnam Ho Chi Ming al cual historiadores serios le atribuyen 3 millones de asesinatos; todo ello demuestra que la admiración de Petro por Jara, coloca al primero en la misma línea ideológica que profesaba el segundo, lo que dice a las claras que el electorado colombiano no se puede equivocar en las elecciones de este 2022, con los artificios edulcorados de Gustvo Petro.

Salvador Allende el otro icono de Petro, logró ser presidente de Chile en 1970, gracias a la ambivalencia de la Democracia Cristiana, partido político cuyos dirigentes  se pudieron haber asustado con los fetiches comunistas del materialismo histórico y la inevitabilidad, entonces buscaron congraciarse con los “dueños del futuro de la humanidad”. El gobierno de Allende fue una calamidad para el país austral en donde el dictador cubano Fidel Castro fue su principal asesor para convertir a Chile en otro santuario de la URSS en contra de USA, a lo que se debe agregar que Allende apoyó siempre a los grupos armados en el continente, caso concreto, la protección que le dio siendo senador a los guerrilleros que sobrevivieron y que  acompañaron al “Che” Guevara a  Bolivia en 1967.

De acuerdo a lo anterior no hay que hacer mucho esfuerzo intelectual  para saber que el candidato presidencial del  Pacto Historico, Gustavo Petro, fundamenta su discurso de campaña en el libro del escritor uruguayo, Eduardo Galeano(1940-2015) titulado “ Las Venas Abiertas de América Latina”, pero el doctor Petro de pronto ignora que el ensayista  renegó de su escrito en la Bienal de libro de Brasilia en abril de 2014, y dijo que no volvería a leer el ensayo, porque lo consideraba pesadísimo, indicando que fue escrito, sin conocer debidamente sobre economía política, además agregó:  “esa prosa de la izquierda tradicional es pésima”, lo anterior determina el desfase histórico del candidato progresista en Colombia.

El  libro  antes mencionado apareció en 1971, que por la complejidad que vivía la región en ese entonces, con conflictos sociopolíticos  en diferentes países, no tardo en convertirse en fuente de inspiración para la llamada izquierda, debió a que desde puntos de vista fatalistas, miserabilistas y revanchistas, ahí estaba la Biblia de la región que respondía a las inquietudes y tragedias ocurridas desde hace más 500 años, partiendo del sur del rio Bravo hasta la Patagonia, haciendo taxativamente un llamado a la venganza histórica y convirtiéndose el ensayo de Eduardo Galeano en un apéndice del Manifiesto Comunista de Marx y Engels escrito en 1848.

La izquierda latinoamericana se hizo la de la vista gorda ante los pronunciamientos de Galeano en la Bienal de Brasilia, y nunca ha  dicho nada serio, buscando  explicar la cuestión desde una mirada únicamente literaria, pero la cosa tiene más fondo, porque no solo el candidato Petro tomo el ensayo de regla infalible para su discurso, sino que también hay que recordar, que es tan significativa la obra para el castrochavismo o marxismo-leninismo, que Hugo Chávez a la sazón presidente de Venezuela le regaló un ejemplar al mandatario estadounidense Barack Obama en la Quinta Cumbre de las Américas, realizada en Puerto España, capital de Trinidad y Tobago en abril de 2009, lo que demuestra la importancia que le dan al ensayo los seguidores del socialismo del siglo XXl, quienes reciclaron los desechos del comunismo totalitario, repudiados en Europa con la caída del muro de Berlín, para implementarlos en nuestras naciones.

Eduardo Galeano reconoció que la izquierda había cometido errores muy graves, y esbozó que “Las Venas Abiertas de América Latina” pertenecen a una etapa ya superada, lo que demuestra con toda claridad que esa obra no tiene vigencia, igual a como sucede con el comunismo totalitario, al que le ponen diferentes máscaras, pero al final es el mismo comunismo totalitario y como dice el adagio: “la mona aunque se vista de seda, mona se queda”

“Las Venas Abiertas de América Latina” recibió entierro de su propio autor, siendo insensato insistir en su lectura, difusión y aplicación  como lo pretende el candidato Gustavo Petro y la denominada izquierda, que lo tiene como referente histórico omnímodo, puesto que la obra es descontextualizada, no solo por la afirmación de su autor que hace la autocritica, sino que además desde la óptica  marxista-leninista con ese ensayo, buscan impulsar un ajuste de cuentas para vengar todas las injusticias cometidas desde el descubrimiento de América hasta nuestros días, invocando la lucha de clases para efectuar la vindicta, tomando de chivos expiatorios a quienes no se sometan a la dogmática del comunismo totalitario, en donde el “imperialismo norteamericano” es el enemigo a vencer, porque según la fabula marxista es el responsable del sufrimiento de los pueblos durante 500 años.

Olvidando que el imperio se desentendió de Latinoamérica hace 45 años, al encontrar mano de obra barata en China para sus transnacionales en alianza con el partido comunista de ese país, lo que incrementó las ganancias del capital financiero internacional y creó el neoliberalismo.

La receta miserabilista del marxismo con “las Venas Abiertas de América Latina” no tiene ni vigencia ni defensa, y otro aspecto olvidado por Galeano en su ensayo que jamás se puede pasar por alto, es la historia de la mayoría de los diferentes pueblos de la tierra muchos de los cuales han padecido calamidades iguales o peores a las de Latinoamérica durante centurias y milenios, por ejemplo en África, Asia y Europa, en vista de que las desgracias y sufrimientos propiciadas por  seres humanos a sus semejante no solamente se han dado en Latinoamérica.

Así como Eduardo Galeano afirmó que no sería capaz de leer de nuevo “Las Venas Abiertas de América Latina”, porque caería desmayado, hay que recomendarle al candidato Gustavo Petro que supere el discurso basado en la obra de Galeno, ya que su mismo autor la rechazó.

Abstract
Con semejante exaltación de Gustavo Petro a Allende y a  Jara, se demuestra que el jefe del Pacto Histórico, no niega su prosapia comunista, que toma la historia como venganza o ajuste de cuentas.